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Un día entre burocracias distritales y taxistas, visitando una escuela en Cochabamba

Este post es casi un extracto calcado de un diario de viajes. Porque tenía ganas de contar, tal cual fueron, los hechos vividos en Cochabamba para encontrar una escuela. Fue toda una proeza y mi primer encuentro con las burocracias bolivianas. Aquí les cuento.

Cochabamba me desorientó desde el inicio. Llegué luego de un largo viaje desde Potosí y el cansancio se acumulaba. El viaje duró toda la noche y al amanecer llegamos a esta ciudad que parece no tener fin. Se extiende en medio de un valle como un mar de casas que parece chocarse con el horizonte. Salí de la terminal luego de tomar un café al paso en uno de los bares esperando que amanezca del todo y la ciudad tome ritmo. Y la verdad es que lo tomó rápido porque a la siete de la mañana el tránsito parecía un nudo imposible de desarmar. Así y todo, llegué al hostel cuando todavía nadie se había levantado. Mejor, no tenía ganas de hablar con nadie y caí muerto en la cama.
El hostel donde me quedé se llama Jaguar House y está ubicado en de las zonas más caras de la ciudad, a apenas una cuadra de El Prado, donde está el centro comercial y gastronómico de esta bonita ciudad boliviana. El Jaguar House era el lugar perfecto para descansar: con un jardín con reposeras y un restaurante ahí mismo, no había necesidad de salir para satisfacer todas las necesidades básicas. Pero, yo no había venido a Cochabamba a descansar y mientras todos planeaban sus días en bici para andar por la ciudad o ir a visitar un parque nacional cercano, yo me tuve que poner a buscar una escuela para visitar.

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Claramente el barrio donde me estaba hospedando no era el lugar indicado para visitar una escuela que trabaje con población vulnerable. Pero la ciudad de Cochabamba es tan grande que no tenía ni la menor idea sobre cómo empezar a buscar. Me fui al centro a caminar y llegué hasta el local de información turística para que me orienten. El chico de información turística no le puso nada de voluntad a responder mi consulta sobre cómo llegar a un barrio “pobre” en la ciudad y me mandó al distrito escolar que estaba a unas pocas cuadras. Ahí comenzaron los problemas.
Era casi fin de año y el “Distrito Escolar” estallaba de gente. Había filas por todos lados. Parece ser que los directores tienen que llevar una documentación a que les firmen con el listado de graduados y por otro lado los alumnos tienen que llevar un papel para sellar en el distrito. Conclusión: una marea de gente se repartía en diferentes filas y yo en el medio buscando cómo llegar a una escuela.
Llegué a un escritorio, que me derivó a otro y ese a otro de un piso más arriba hasta que una cholita finalmente me atendió. Escuchó los motivos de mi visita, me miró fijo y me dijo…. NO. “Usted no puede entrar a ninguna escuela si no tiene una autorización de la directora del distrito”. Ahí me tembló el piso porque aparecía el primer obstáculo en mi trabajo de campo. La cholita se levantó y se fue y me dejó ahí parado con el #no como respuesta. La oficina era un caos de papeles y de gente. Un par de ventiladores a media máquina hacían mover un poco el aire del lugar pero no eran suficientes. Todo el mundo se apantallaba con algo que tenía a mano y las tres funcionarias tomaban sopa. Sí, sopa caliente con ese calor insoportable.
Me acerqué a la chica que me había despedido con el “no” y le pregunté como hacía para tener la autorización del distrito. Me dijo que espere. Afuera, por supuesto. Afuera pegaba el sol fuerte y estuve unas dos horitas parado hasta que otra de las funcionarias me llamó y me dio un papel para que de manera manuscrita haga mi pedido a la directora del distrito. Escribí la nota muy sintética y le adjunté una copia del proyecto de tesis. Lo abrochó, le puso un sello a cada hoja y lo sumó a una pile de papeles acumulados en la esquina de su escritorio. La pila ya superaba los 20 centímetros de alto y mientras yo seguía intentando averiguar cómo seguía el trámite, unos 5 expedientes se acumularon sobre mi pedido. Me indicaron que pase al día siguiente, a la misma hora y tendría una respuesta.
No me quisieron dar información hasta no tener una nota de la directora del distrito que avale mi ingreso a cualquier escuela. Supuestamente la normativa escolar exige esto. Yo les expliqué que en otras ciudades había visitado escuelas sin problema pero no hubo caso. Era un día perdido. Salí con bastante desánimo del distrito escolar: empezaba a perder tiempo muy valioso porque el año escolar se me estaba acabando.

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Me fui a sentar un rato a la plaza a resguardarme del sol que pegaba fuerte y pensar y se me ocurrió llegar a una escuela por un medio alternativo. Me tomé un taxi y le dije al conductor: –
– Usted me puede llevar a un barrio pobre ubicado en las periferia de la ciudad?
– A cuál?
– A cualquiera
Me miró como no entiendo mucho pero arrancó rumbo al sur. Llegamos así a un barrio que bordea al Cerro San Pablo. Allí buscamos una escuela y no fue difícil. Cochabamba está llena de escuelas.
La Unidad Educativa Julio Mendez parecía a medio hacer. Bueno, está es una característica muy común en muchas construcciones en Bolivia. Todo está a medio construir, sin los detalles de terminación y con escombros por los rincones. El ingreso a la escuela era por un portón enorme de chapa fielmente custodiado por la portera. Como llegué a las 13:15, horario en el que ingresa el turno tarde, esperé unos minutos antes de entrar a la escuela para no molestar en el momento de ingreso de los alumnos. Me quedé sentado a la sombra con varias mujeres que habían traído a los chicos a la escuela y estaban conversando hasta que se cierre el portón.
La directora me recibió en su oficina, aunque en realidad el salón que ocupaba la dirección era compartido con la sala de profesores y la secretaría, cada espacio estaba separado solo por un enorme armario. Por lo cual, todo el personal de la escuela convivía por horas allí y el bullicio era constante. Como cuando llegué los alumnos recién ingresaban a la escuela, los profesores todavía estaban conversando en la galería y la directora estaba “induciéndolos” a ir a las aulas. Esta escena creo que se debe repetir en todas las escuelas de Latinoamérica cada lunes.

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La charla con la directora fue muy amena. Hacía muy pocos meses que había asumido el cargo de directora por lo cual recién estaba conociendo la institución. Por cierto, era una escuela chica pero en crecimiento. Estaba completando los últimos años del nivel secundario, por ahora tenía solo los dos primeros y había carteles por todo el barrio convocando a los jóvenes a que se anoten. Charlamos un largo rato sobre la importancia de la innovación para superar los problemas actuales de la educación y la profesora me contaba con entusiasmo de un proyecto en el que había trabajado promocionado por la embajada japonesa. Incluso había tenido la oportunidad de viajar a Japón y conocer el sistema educativo japonés. Conversamos sobre las problemáticas de la escuela hoy en día y el tema del bullying parecía ocupar un lugar central: muchos de sus alumnos eran de ascendencia indígena y venían a estudiar a la ciudad desde comunidades semirurales. Los de la ciudad se burlaban de estos alumnos y allí comenzaban los problemas.
Fue una entrevista muy interesante, pero claro, me fui pensando que al otro día tenía que volver al distrito escolar a ver si me autorizaban o no a hacer lo que ya había hecho. Muy contradictorio todo. Ya no era necesaria la autorización pero tenía la intriga: me autorizarían o no? Solo para sacarme la duda, fui.
Me volvió a recibir la empleada corta de palabras. La oficina seguía siendo un caos y la pila de papeles acumulados en el escritorio de la señora tomaba una altura realmente impresionante. Seguía el desfile de gente por los escritorios y los ventiladores creo que andaban todavía más lentos que el día anterior. La secretaria de la directora del distrito luego de esperar una hora y media parado en la puerta de la oficina me indicó que la directora me recibiría en su oficina. En la oficina de la directora distrital había todavía más papeles que en la de sus asistentes. Estaba repleta de cajas con expedientes y la directora mientras conversaba conmigo los agarraba, los firmaba sin mirar y los apilaba en otra caja.
Cómo se resolvió mi pedido? Fue sencillo. Empezó la directora a argumentarme que no podía autorizarme sin una autorización del Ministerio. Yo le explicaba que ya había hecho las entrevistas pero no me escuchaba. No me iba autorizar pero recurrí a un argumento irrefutable: le dije OK, un montón de ciudades estarán presentes en mi investigación pero Cochabamba no estará, no hay problema. Ahí todo cambio, casi como un capricho, me autorizó. Pidió a su secretario que me haga una nota membretada para que me reciban en la escuela y a los 5 minutos la nota estaba hecha. En fin, fue un día largo pero de mucho aprendizaje. Claramente, las burocracias trabajan cuando quieren… o cuando están celosas de otras burocracias 😉

Para los que quieran seguir el proyecto:

  • Para los que quieran conocer más en profundidad el proyecto pueden hacerlo a través de este link: Proyecto Abreviado
  • Pueden seguir el día a día de este viaje a través del blog con la nueva sección que armé para ir contando el avance del trabajo de campo de la investigación y las diferentes experiencias que voy viviendo en este PROYECTO ESCUELAS
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8 Responses to Un día entre burocracias distritales y taxistas, visitando una escuela en Cochabamba

  1. Llun Lin Lay 02/08/2016 at 20:02 #

    Hola:

    Si no mal recuerdo Cochabamba no estaba en el itinerario inicial, así que te pregunto que te motivó parar en este lugar.Por las fotos se ve una ciudad muy moderna y diferente a Potosí. En 180°. Por lo mismo, me imagino no averiguaste antes información como la que comentas o escuelas a visitar.
    Y otra curiosidad, al presentarte en cada escuela supongo que acreditaste quien eras.
    Buena anécdota de tu viaje. Y ya sabes qué recomendar a otros: no hacer algo similar cerca de fin de año.

    Ha sido un largo viaje, se pasó muy rápido el tiempo. Espero no te haya picado el mosquito que anda rondando (Zika).

    Saludos

    Llun Lin Lay

    • polviajero 02/08/2016 at 20:14 #

      Buenas! es cierto Llun, no lo estaba pero tuve que cambiar el itinerario por los tiempos de viaje que me llevaba llegar a otras provincias… me alejaba mucho del camino y el tiempo me empezó a jugar en contra. Sí, no hay que ir cerca de fin de año a las escuelas… ese será un buen consejo… pero bueno, yo pude negociar la licencia en ese momento por lo cual para mí fue el mejor momento 😉 y por suerte, con los mosquitos nos llevamos bien… nos mantemos lejos jejejeje abrazo LLun!

  2. gonzavignoni 02/08/2016 at 12:37 #

    Yo creo que tuviste suerte porque, aunque lento y vueltero, terminaste dando con una burocracia que trabaja!! Jajaja. Qué cosa… Igual yo en tu lugar ni volvía a la oficina; en ese caso hubiese preferido quedarme con la duda. (Soy propenso a hacerme mala sangre estando en oficinas públicas).
    Ah! Me enamoré de las fotos de la plaza… ¡Todo ese color!
    Muy bueno.

    • polviajero 02/08/2016 at 14:10 #

      jajaja si si… los trámites en la administración pública no son la actividad ideal para hacer durante un viaje… y menos en Bolivia, y menos en diciembre! pero bue… terminó con final feliz la historia! saludos Gonza!

  3. Noelia 02/08/2016 at 12:05 #

    No hay nada peor que la burocracia, y ésta claramente era innecesaria.
    Recuerdo esa plaza en Cochabamba, me hospedé cerca cuando estuve en esa ciudad. En cuanto a los edificios a medio terminar, tengo entendido -me lo dijeron en Bolivia- que los dejan así a propósito, porque los edificios que todavía no están terminados tributan menos impuestos, de ahí que los dejen así indefinidamente.
    ¿Seguis en Ecuador?¿Como está el carnaval allá? =)

    • polviajero 02/08/2016 at 14:06 #

      Sí! tal cual, me contaron que eso mismo pero ya ha cambiado la normativa y no pueden hacer durar la obra mil años!
      Ya volví a Argentina, para empezar con el año académico pero en un par de meses salgo de vuelta 😉

  4. Marchu 02/08/2016 at 11:12 #

    Muy interesante lo que comentas. Muy hermosa Cochabamba. Estuviste muy “creativo” para concretar la visita escolar!!!Felicitaciones

    • polviajero 02/08/2016 at 14:03 #

      Hola Marchu! si, tal cual! hay que usar métodos no alternativos a veces!!! abrazo!!!

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