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Tomando mate en la Paz

Hogar de más de un millón de bolivianos, ciudad enorme que sube y baja los cerros, centro de finanzas y comercio del país, La Paz, la no-capital de Bolivia amerita, sin lugar a dudas, una visita. No te puede resultar indiferente: o la amás o la odias. Es así se de simple. Y ella no ayuda mucho al amor, eh! Ubicada a más de 3000 m.s.n.m y con una gastronomía con ingredientes de origen discutible, hay grandes probabilidades de un malestar estomacal y si lográs esquivarlo, muy probablemente te agarre el “soroche”, el archimaligno mal de altura. Porque claro, La Paz es una de las ciudades más altas del mundo, te obliga a caminar despacio y comer livianito y si no respetás esta regla… viene el amigo soroche a recordarte que allí, la voluntad de la Pachamama se impone. Pero incluso con malestar estomacal y soroche, La Paz amerita una visita. O mejor dicho, La Paz amerita una buena exploración.

Sí, a La Paz se la explora. Porque no es sencilla de recorrer. Tiene recovecos, subidas, bajadas, parques, miradores, mercados, plazas, de todo… mezclado, eso sí, con ese caos en funcionamiento como otras ciudades de Bolivia. Es difícil olvidar la primera vez que se llega a La Paz por tierra. El altiplano que la rodea es rudo. Seco, árido, con casas bajas y calles de tierra. La ruta se abre camino por barriadas que parecen interminables hasta que de repente, parece que la tierra se aparta y abajo, sí… porque uno está todavía más arriba, aparece La Paz. Es impresionante. El micro empieza a zigzaguear desde lo alto para meterse en un mar de casas que cubre la ladera de los cerros. A lo lejos, el monte Illimani con sus cumbres nevadas eternas aparece como fiel custodio de la postal paceña. Todos, locales y turistas, se agolpan a las ventanillas del autobús para disfrutar de las panorámicas que regala la llegada a la ciudad.

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En La Paz hay que andar despacio. Insisto con esto, porque la altura pega y al cuerpo le falta el aire. Por eso, nada mejor que preparar el mate e instalarse en una plaza del centro a ver la vida cotidiana de la ciudad. La Paz es una donde reina la diversidad… y los colores… y los aromas… y los sabores. Si uno se sienta a tomar mate en una placita cualquiera de La Paz en un breve tiempo habrá visto pasar cholitas con las vestimentas indígenas tradicionales, ejecutivos de riguroso traje, jóvenes punk, monjas, militares super armados, mendigos, turistas medio perdidos, chicos que van o vienen de la escuela con impecables uniformes, vendedores ambulantes de cualquier cosa imaginable, más cholas, más militares… las calles de La Paz son pura diversidad. Si uno se anima, puede comer lo que quiera en la calle. Los puestos de venta de comida se amontonan en las calles del centro: el pollo a la broster, la sopa en bolcita y las infaltables “salteñas” ya son parte del patrimonio gastronómico de la ciudad. Esta vez opté por proteger un poco mi estómago y evitar la fritura callejera por lo que unos buenos mates fueron la compañía ideal para disfrutar de la tarde de descanso en la ciudad.

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¿Qué hay para ver y hacer en La Paz?

La Paz es una ciudad para caminar, para recorrer en su trajín cotidiano, para disfrutar a través de sus mercados, sus callejones y sus bodegones. No es una ciudad para ir a encerrarse en un museo o para ir a fotografiar catedrales. Aunque tiene sus lindos museos y bonitas iglesias. Por la tradición indígena de la ciudad, uno de los museos más bonitos es el Museo de Etnografía y Folklore, que se ubica en una antigua casona. Allí se exhiben prendas tejidas, artesanías e instrumentos musicales de los diferentes pueblos que por siglos poblaron el altiplano. El Museo Nacional de Arte es otro lugar interesante para visitar, sobre todo para aquellos interesados en pintura colonial y contemporánea. Entre las iglesias, sin dudas la más bonita e importante es la Iglesia de San Francisco. La comunidad franciscana fue una de las primeras órdenes de instalarse en la zona y prácticamente podría afirmarse que la ciudad de La Paz se construyó a su alrededor. La iglesia data de mediados del siglo XVI, con una arquitectura que mezcla estilos clásicos y mestizos, es una de las construcciones más imponentes de la ciudad.

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Pero más allá de estos museos e iglesias, el lugar más interesante para visitar en La Paz es el Mercado de Hechicería, o lo que era el mercado de hechicería y ahora es un mercado de artesanías for export. En este histórico mercado sobreviven algunos puestos donde se pueden encontrar hierbas, semillas con propiedades medicinales y los clásicos fetos de llama. Hay diminutos cuerpos de llama colgados por doquier, abarrotados en cestos, decorando todo tipo de artesanías. Resulta que según la tradición de los pueblos del altiplano, es de buen augurio poner el feto de una llama debajo de la construcción de una vivienda. Igual, hoy en día las pobres llamas que persisten inmutables en los estantes del mercado cumplen una función más marketinera que mágica. El mercado se llenó de artesanías, de turistas y de producción en serie. Pero sigue siendo un lugar bonito para pasear.

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Pasear por la ciudad es super sencillo porque es imposible perderse. Solo hay una gran avenida principal, que se llama en principio, el Prado, pero va cambiando de nombre y sigue el cañón del río Choqueyapu, que corre ahora de manera subterránea. A los costados del Prado, la ciudad sube hacia los cerros con calles estrechas y empedradas. Si uno se pierde es sencillo: siempre al bajar se llega a la avenida principal.

Hace poco tiempo, en 2014, la ciudad de La Paz sumó un gran atractivo a su oferta para el turismo: un modernísimo teleférico. Pero eso, se los cuento en el siguiente post.

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6 Responses to Tomando mate en la Paz

  1. Guillermo Mendoza 02/21/2016 at 17:31 #

    Genial amigo! Yo soy paceño, y pues me parece que cometiste el error de creer que la paz es solo la parte central. La ciudad es muuucho mas grande y hermosa! Incluso es mas plano el paisaje y mas caliente la temperatura mientras te diriges mas al sur.. la parte central tambien tiene su encanto y su magia pero su diversidad en ese aspecto va mucho mas alla! Me parece que te quedaste corto con tu exploración de la ciudad.. pero igual en otra oportunidad sera! Saludos y gracias por visitar mi hermosa ciudad!

    • polviajero 02/21/2016 at 23:19 #

      Gracias por tu aporte! será una buena excusa para volver a la ciudad! al sur, no fui… me quedé en el centro. La verdad es que no me trató del todo bien la comida paceña y bueno, tuve que caminar poquito… pero bueno, es una gran gran excusa para volver! saludos viajeros!!

  2. Mar{ia Alfaro Mosca 02/17/2016 at 22:23 #

    Hermoso y agotador viaje estás haciendo Pablo!! Te sigo siempre aunque no te he escrito. Voy viajando contigo. Sabes que muchos de los tejidos que están en las ferias son chinos? Yo los compré en Jujuy, los traian muy tempranito desde Perú y los fabricaban los chinos. Es la globalización que le vamos a hacer? Que tu próxima escuela te reciba con los brazos abiertos. Saludos.

    • polviajero 02/17/2016 at 23:23 #

      Buenas! no me sorprendería que sea manufacturado en China o en talleres clandestinos, que debe tener los mismos costos… es sorprenderte como se multiplica por mil el mismo diseño… saludoooos! y gracias por comentar!

  3. Marchu 02/16/2016 at 12:42 #

    Que interesante ciudad!! Muy pintorescos son los productos del mercado, guardan el mismo estilo q los de nuestro NOA. Te dio tiempo de ir a Sucre? Un cariño y esperó más de tus reportes!!

    • polviajero 02/16/2016 at 22:48 #

      Buenas! sabes Marchu que no fui a Sucre! desde La Paz seguí rumbo norte. Como el ritmo de mi viaje lo marcó el calendario escolar, tenía que apurarme para llegar a Perú porque empezaba diciembre y se me acababan las clases por lo que desde La Paz fui derechito para Copacabana. Saludos viajera!!!!

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