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Potosí, donde las venas de América se abrieron

Allá en la época colonial, la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. Vale un Potosí, se decía, para elogiar lo que no tenía precio. A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. “Estaban los caminos cubiertos, que parecía que se mudaba el reino”, escribió un rico minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es. ¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas.

Eduardo Galeano. El país que quiere existir.

Potosí es una ciudad que respira historia en cada rincón. Pero una triste historia. Basta con hojear algún manual escolar para encontrar la desgarradora historia de estas tierras. En su momento fue la región más rica de América pero luego fue devastada, saqueada y ultrajada por los conquistadores. Se dice que en 1650 Potosí era la ciudad más poblada del mundo superando a las grandes urbes europeas. Claro, la riqueza del Cerro Rico no paraba de atraer gente. Parecía que la plata no se acabaría más pero hoy, de aquel esplendor colonial, poco queda. Apenas el recuerdo permanece en sus edificios coloniales que se mantienen intactos y en algún que otro museo. Hoy Potosí es una ciudad con altos índices de pobreza, que sigue viviendo alrededor de la minería en su Cerro Rico y sigue manteniendo una distribución injusta de la riqueza: los que dejan su vida en las minas del Cerro son los que menos se llevan. Así no logra salir del círculo de reproducción de exclusión social.

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Entre leyendas y la historia

La historia de Potosí y particularmente de su Cerro Rico se remonta a mediados del siglo XV, cuando estuvo por estas tierras el inca Huayna Capac para combatir a los guaraníes. Al ver al cerro y los colores que tomaba de acuerdo a la iluminación del sol, el Inca rápidamente se dio cuenta de su riqueza mineral. Supuso que en su interior habría mucha plata por lo cual mandó a sus vasallos a explorar su interior en busca del preciado metal. Sin embargo, mientras los vasallos de Huayna Capac estaban por comenzar a martillar en las paredes del cerro, se escuchó una voz que sonó como un estruendo desde su interior y les ordenó que no siguieran con su trabajo. Volvieron corriendo a donde estaba el Inca y le hablaron de un “potocsi” que quiere decir “gran estruendo”. De allí la ciudad que se formaría alrededor del cerro tomó su nombre. Esto sucedió (según cuentan los que saben) 83 años antes que los españoles llegasen a la zona.

Ya en tiempos del predominio Inca, por su riqueza mineral, Potocsí rápidamente se convirtió en una de las poblaciones más importantes de la región andina. Por allí pasaba el camino del Inca y sus redes comerciales y de transporte de minerales al Cuzco. A la vez, fue una población agrícola y de buenos ganados por las condiciones óptimas de sus suelos. Ahora bien, si bien todos conocían la riqueza del cerro, por haberlo consagrado no lo explotaron pero sí le llevaron ofrendas y sacrificios.

Cuando llegaron los españoles ya tenían información de la riqueza del cerro por los adelantados que habían estado en la región. Se hablaba de una “Sierra de la Plata” como un lugar mítico repleto de tesoros de plata. Pero claro, el mito se veía casi verificado por los españoles al ver el uso de objetos en plata que veían en los pueblos originarios de la región. Solo era cuestión de encontrar el lugar del cual extraían el valioso mineral. Cuando lo encontraron, la historia de Potocsi cambió para siempre.

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Una historia muy presente.

La conquista del imperio inca se produjo entre los años 1532 y 1533. Rápidamente llegaron los conquistadores a Potosí atraídos por la codicia de la plata. Según narran las crónicas, ya en 1545, había en Potosí más de 170 españoles y 3000 indios. Los españoles rápidamente comenzaron con la explotación del cerro al descubrir su riqueza. Claro, ya el mineral no se usaría solo para construir objetos para la adoración de los dioses sino que pasaría al circuito comercial y económico que manejaba España.

Juan de Villarroel tomó posesión del cerro e inició la extracción masiva del preciado mineral y a partir de ese momento el crecimiento de la ciudad de Potosí fue exponencial. Cada vez llegaba más y más gente para extraer plata del Cerro Rico y amasar fortunas. Potosí adquirió fama mundial por su riqueza a punto tal de ser incluso nombrada en los diálogos entre el Quijote y su escudero, en el clásico de Miguel de Cervantes. Los españoles vivían una vida de lujo en aquellos años en la llamada Villa Imperial. Construyeron decenas de iglesias que chorreaban plata, casas de baile, salones de juego, prostíbulos afamados en todo el mundo y teatros. Dicen las crónicas que en aquel tiempo, todo era de plata, desde los altares de las iglesias hasta las herraduras de los caballos.

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Pero claro, este tiempo de riqueza no era disfrutado por todos los que vivían en la ciudad. La población indígena sufría una explotación infrahumana. Decenas de miles de indígenas fueron sometidos a la mita, un sistema de esclavitud que ya era habitual en el período incaico, pero cuyo uso intensificaron los españoles, y creció aún más a instancias del virrey Francisco de Toledo, ante la falta de mano de obra para la minería. A los mitayos (como se llamaba a los indios sometidos a la mita) se les hacía trabajar hasta 16 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o a pico. En las minas, las condiciones de trabajo eran muy duras: los derrummbes eran frecuentes y los “accidentes” estaban al orden del día. Decenas de miles de indígenas murieron en el interior del cerro durante el apogeo de su explotación.

Con el agotamiento de trabajadores indígenas, los colonizadores pidieron al rey permiso para importar desde esclavos desde África. Así durante el periodo colonial “importaron” aproximadamente 30 000 esclavos para trabajar en las minas. Incluso las crónicas cuentan que los usaban como medios de carga dado que los esclavos en aquel entonces eran más baratos que los burros.

La producción de plata llegó a su punto máximo alrededor del año 1650, momento en el cual las vetas del cerro empezaron a agotarse y Potosí entró en un camino cuesta abajo del que no pudo recuperarse jamás. Algunas epidemias ayudaron a la catástrofe que llevó a que la población de la ciudad se reduzca de a miles por año. En los tiempos de la independencia, apenas unas 9000 personas vivían en la ciudad y el poco mineral que extraían de la mina tenía que llegar al puerto de Buenos Aires para embarcarse a Europa luego de 55 largos días de viaje. Lo que salvó a Potosí de convertirse en un pueblo fantasma fue la producción de estaño, un metal al que los españoles nunca le dieron importancia y cuya explotación se inició recién durante la primera mitad del siglo XIX.

En 1987, Potosí fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco pero en el 2014, la Unesco también incluyó a la ciudad en la lista de Patrimonio de la Humanidad en peligro debido a la actividad minera incontrolada que sigue teniendo lugar en su Cerro Rico.

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 Tres lugares imperdibles de la ciudad de Potosí:

  1. La Casa Real de la Moneda: suele ser considerada como el museo más completo y más interesante de toda Bolivia. Se trata de un museo enorme, en el que se cuenta la historia de las mina de Potosí para el nacimiento del capitalismo en Europa en el siglo XVI.
  2. La Torre de la Compañía, un convento religioso del siglo XVIII, que refleja el máximo esplendor de Potosí, su edificación se concibió como un arco del triunfo con cinco aberturas, treinta y dos columnas salomónicas y tres cúpulas de media naranja. Es una ostensible expresión de la espiritualidad de la época.
  3. En la Iglesia de San Francisco, al igual que en la de Iglesia de San Lorenzo, se pueden observar una gran exposición de arte sacro en su interior, con la inclusión de deidades indígenas y símbolos del Cristianismo.

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13 Responses to Potosí, donde las venas de América se abrieron

  1. Musicos Viajeros 03/22/2016 at 13:02 #

    Muy buen post !!! Que increible es la historia de Latinoamérica. Me traslada a los libros Galeano automaticamente. Suerte en tu proyecto !!!

  2. Claudia 01/14/2016 at 13:15 #

    Potosí…cuántos recuerdos guarda el Cerro Rico y sus alrededores surcados de cables! No pude descender a sus entrañas, me agobiaba ya demasiado su historia y sólo pude contemplarlo desde la ciudad de día y noche. Te felicito por tu recorrido y Adelante siempre! Amorabrazo

    • polviajero 01/14/2016 at 15:01 #

      Si, tal cual…. el Cerro Rico es un recuerdo vivo de una historia muy duda, no solo en la región, sino en Latinoamérica en general. Se viene el post sobre el recorrido por el interior de la mina, una experiencia muuuuy dura tambien! Saludos Claudia!

  3. Llun Lin Lay 01/13/2016 at 20:45 #

    Bonito Lugar, a pesar del tendido eléctrico. Gracias por compartir las fotos y su historia.

    Saludos

    Llun Lin Lay

    • polviajero 01/14/2016 at 01:45 #

      Buenas…. si, la verdad que tantoooooo cable arruina todas las fachadas, pero bueno… es así! solo queda editarlo un poco para algun truquito con las fotos! Saludos llun!

  4. diana 01/12/2016 at 19:56 #

    Muchas gracias por compartir tus experiencias!! Potosi es un lugar interesante para conocer!! lo agendare!!! Bendiciones!!!

    • polviajero 01/12/2016 at 20:31 #

      Gracias Diana! Potosí es un gran lugar para ir! super super recomendable. Detalle: igual antes de ir averiguá cómo esta la situación de los campesinos porque muchas veces bloquean las rutas… y puede ser un gran dolor de cabeza!

  5. Noelia 01/12/2016 at 18:04 #

    Es tremendo esto que contás, y son horribles mas minas por dentro, no me imagino el tener que trabajar ahí, incluso en la actualidad (cuando estuve en Potosí bajé con un ex-minero, devenido guía turístico).
    En cuanto al museo de la moneda, me quedé con las ganas de verlo, cuando estuve por ahí estaba cerrado por algún motivo, no recuerdo cual 🙁

    Espero ansiosa el próximo post =)

    • polviajero 01/12/2016 at 19:20 #

      Hola Noe, sí… la verdad que sí, es muy duro. El próximo post es justamente sobre la visita al interior del cerro, muy muy duro… estar un rato de visitas es dificil, me imagino lo que debe ser trabajar allí dentro… muy duro. Un abrazo Noe! saludos desde Ecuador.

  6. Lara Belén Blasi 01/12/2016 at 13:25 #

    me encantó tu post! Soy estudiante de un profesorado por lo que sigo muy de cerca tu proyecto educativo! Gracias por compartir tus viajes! Abrazo!!

    • polviajero 01/12/2016 at 19:15 #

      Buenas! muchas gracias por escribir. Ahora ando recorriendo escuelas por Ecuador, el blog no va a tiempo nunca! pero bueno, aquí en enero hay clases porque usan el calendario escolar del hemisferio norte. Pronto se viene el post de la escuela que visité en Potosí donde van los hijos de los mineros. Abrazo!

  7. Marchu 01/12/2016 at 12:27 #

    Muy interesante lo que comentas acerca de esta bella ciudad, siempre la codicia hace de las suyas en la historia de las sociedades. Muy ilustrativas son tus fotos!!😀😀⛅⛅ cariños!!

    • polviajero 01/12/2016 at 19:14 #

      Gracias por leer y comentar Marchu. Sí, la historia de Potosí es una historia llena de codicia e injusticia. Un abrazo desde Ecuador!

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