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Misahuali y los monos…

No muy lejos de la ciudad de Tena, se encuentra Puerto Misahuali, un caserío que ha crecido gracias al turismo en los últimos años por tener una hermosa playa de arena blanca justo en el punto de unión entre el Río Misahuali y el caudaloso Río Napo. Allí, una familia de monos capuchinos parece que se ha adueñado de la playa. 

Misahuali es un diminuto poblado a orillas del Napo, no muy lejos de la ciudad de Tena (apenas una hora de viaje en transporte público) que es famoso por sus playas y particularmente por la gran cantidad de monos capuchinos que hay  en sus playas. Un señor nos contaba cuando íbamos en viaje que los monos que han copado la playa no son originarios de aquí. Resulta que un vecino hace unos 30 o 40 años trajo una pareja y se empezaron a reproducir, cuando todavía ni siquiera existía el pueblo. Lo interesante es que cuando el caserío se comenzó a desarrollar como pueblo impulsado por el turismo, los monos siguieron siendo amos y dueños del lugar.

Al llegar a Puerto Misahuali, ya nos topamos con los monos haciendo sus correrías en la plaza principal. Hay decenas de ellos, dando vueltas por las ramas de los frondosos árboles de la playa. Cada tanto una gringa pega un grito y sale corriendo porque se asusta de los monos que andan lo más tranquilos y comen todo lo que tienen a su alcance. Se nota que somos muy urbanos porque con mi compañero de ruta de este día nos quedamos embobamos viendo los monos.

Decidimos que antes de ir a la playa, del otro lado de la plaza, recorreríamos un poco la zona y para eso cruzamos el gran puente que se yergue sobre el Río Napo. Allí, una carretera se mete zigzagueando por la selva y por allí anduvimos caminando en busca de alguna aldea.

Visitamos en la Reserva de vida silvestre Misahuali, una laguna muy bonita llamada Isla Paicawe. Allí hay un sendero de un kilómetro aproximadamente que atraviesa la isla de punta a punta pero lo mejor es rodearla con una canoa. La laguna es de agua cristalina y al igual que los islotes, está llena de vida. Vimos varios peces enormes, algunos monos, pájaros prehistóricos… hasta que una fuerte lluvia se largó y los animales se ocultaron para protegerse de la tormenta. La lluvia nos mantuvo en silencio por un largo rato y eso tuvo un premio: mientras nuestra canoa de madera se deslizaba por la laguna, llegamos a ver por unos pocos instantes la cabeza de un pirarucú, uno de los peces más grandes del mundo, que vive en esta región.

Desde la laguna seguimos nuestra caminata una vez que la tormenta amainó hacia una aldea cercana, Sinchi Warmi. Se trata de un proyecto ecoturístico desarrollado por un grupo de mujeres de ascendencia quéchua que viven como antaño en la selva y muestran algo de su cultura. En el complejo hay  un museo pequeño en el que se exigen elementos tradicionales de caza, pesca y las vasijas de la ayawasca. El museo cuenta la historia de las poblaciones que habitaron las tierras del Napo. Los quijos fueron los primeros pobladores de los que se tiene referencia en la región. Este pueblo se caracterizó por su rebeldía y sus habilidades para el comercio. Se organizaron en cacicazgos y curacazgos para la convivencia entre los diversos grupos familiares denominados ayllus. En algún momento se los comenzó a llamar yumbos y con la llegada de los españoles y los evangelizadores se los llamó alamas. Luego pasaron a formar parte del pueblo quechua, nombre que hoy en día los representa en el Parlamento Amazónico (son los quechuas del Napo).

Comimos un enorme pescado con verduras que fue realmente magnífico luego de la larga caminata de todo el día. Sinchi Warmi ofrece alojamiento también (unas increíbles cabanas en medio de la selva) pero nosotros teníamos que seguir nuestra caminata de regreso a Misahuali. En lengua quéchua “Sinchi Warmi” quiere decir: mujer fuerte, nada más acertado, porque este proyecto que inició en el 2009, refleja el  esfuerzo y las ganas de un grupo visionario de mujeres que decidieron involucrarse en la actividad turística comprometiéndose a preservar el medio que les rodea.

Antes de volver a Misahuali, nos adentramos en el poblado llamado Shiripuno. Desde la ruta sale un sendero de tierra que se pierde en la vegetación de la selva y lleva hasta el poblado. Era el horario de salida del colegio por lo cual varios niños iban caminando de vuelta a sus casas. Gracias a ellos nos animamos a tomar este camino. Shiripuno está conformado por una veintena de casas en la costa del río. Aquí la actividad económica básica es la cosecha del café y los aserraderos. Es que Shiripuno está rodeado de selva por lo cual, madera es lo que  sobra. Desde que iniciamos nuestra caminata por el sendero, el sonido de las motosierras no paró de acompañarnos. Varios vecinos del pueblo estaban trabajando en la construcción de nuevas canoas. Aquí, es fundamental tener una buena canoa dado que las familias están todo el tiempo cruzando el río para llegar al “centro”, a Misahuali, donde se pueden conseguir alimentos y elementos básicos que a Shiripuno no llegan. Apenas hay un almacén y algo así como una panadería. Todo lo demás hay que ir a comprarlo a Misahuali y para eso, hay que cruzar el río… o caminar mucho.

Finalmente volvimos a Misahuali para conocer su famosa playa de monos. En realidad, encontramos monos en todos lados menos en la playa. Los monos seguían tranquilamente instalados en la plaza principal del pueblo. El pueblo es chico, por lo cual la distancia de la plaza central a la playa tampoco es tan grande. Apenas unas cuadras la separan. Allí se concentra la oferta turística de restaurantes y hospedajes.

Debo reconocer que me sorprendió la playa de arena blanca dado que es rara en los contextos de selva. La playa  está ubicada justo donde el Río Misahuali desemboca en el Napo, de un caudal mucho mayor. El agua es cristalina a esta altura del río y la corriente realmente fuerte. Me animé a meterme para refrescarme del calor agobiante en pleno enero pero la verdad es que por momentos tenía miedo porque la corriente me llevaba hacia el Napo.

Mientras estuvimos en la playa debo reconocer que no aparecieron los monos. Nos dejaron disfrutar del río, bañarnos, jugar con algún que otro perro que andaba dando vuelta por ahí y tomar un poco de sol. Ellos seguían muy entretenidos en la plaza, robando papas fritas y frutas a los turistas que pasean desprevenidos.

Algo de info sobre Misahuali

  • Desde la ciudad de Tena se puede llegar utilizando transportes de las empresas Jumandy o Centinela del Tena. Las vías de acceso están señalizadas y el pasaje cuesta USD 0,40. Es menos de una hora de viaje.
  • Alrededor de la plaza de Puerto Misahuali hay algunos restaurantes y hoteles, también varios almacenes donde se puede comprar comida o algo fresco por lo cual no hace falta llevarlos desde Tena.
  • Los autobuses públicos paran en la plaza tanto al llegar como al volver. Solo hay que estar pendiente de la esquina de la que salen.

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5 Responses to Misahuali y los monos…

  1. Cristina 12/15/2016 at 19:34 #

    Las fotos son espectaculares, ESTE viaje Es muy fuerte, admiro tu iniciativa.

    • polviajero 12/18/2016 at 23:15 #

      Gracias Cristina! gran destino Mishauali! los monitos posaban casi para las fotos!!

  2. Marchu 12/15/2016 at 17:45 #

    Que buena se ve ese río!!! Las fotos son fantásticas!!😀Un gran saludo cordial Pol!!! Un gran deseo de paz y amor para los festejos de fin de Año🙌

    • polviajero 12/18/2016 at 23:17 #

      Gracias Marchu!!!! se viene unas fiestass muy muy viajadas! las paso en España! me voy en unos días ya! 🙂 felices fiestas para vos tambien!

  3. Marchu 12/15/2016 at 17:15 #

    Que lugares tan bellos y con tantas naturaleza!!!

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