Front page

Menu

El paraíso escondido en Máncora

Entre los días en Iquitos y la llegada a Máncora pasó de todo. Tomé un mototaxi, un colectivo, un avión, otro colectivo, otro mototaxi, un taxi y otro colectivo. Viajé mucho, volví a Lima por algunas horas, me fui de Lima, viajé toda la noche hacia el norte y luego de un trajín de tres días, estaba en Máncora… uff!!!

Era tiempo de vacaciones en Perú y Máncora se llena. Avanzado Diciembre, ya pasada la Navidad, mucha de la clase media peruana viaja a las playas del norte a pasar las fiestas de año nuevo… y Máncora rebalsa de gente. Mi primera impresión del lugar no fue la mejora: calles taponadas de autos, gente amontonada por todos lados, precios carísimos para dormir en cualquier lado, bocinas, gritos… llegué y me quería ir. No podría creer que había viajado tres días desde la selva para llegar a ese caos de gente que era justo lo opuesto de lo que yo estaba buscando.

En Máncora no hay terminal de autobuses, cada compañía para donde puede/quiere y alrededor del colectivo se arma todo un alboroto al momento de buscar cada uno su equipaje. Esto por lo general sucede en la calle principal de la ciudad y el tránsito enloquece detrás de cada autobús. Cuando bajé del ómnibus, el sofocón de color fue fatal. Fue casi como una patada en la cara que me nubló la vista por unos instantes. Encima de modo instantáneo me rodeó un grupo de conductores de mototaxi para ofrecer sus servicios y llevarme hasta mi hospedaje. Yo no entendía nada, la situación me aturdía y casi que no podía reaccionar. Agarré mi mochila y empecé a caminar para apartarme un poco de ese caos de gente.

La calle principal de Máncora es donde todo pasa. Allí están todos los restaurantes, los negocios de ropa, las tiendas de souvenires, las agencias de turismo y todos los turistas. Es un mar de gente que va y viene. Sobre todo en esta época el ano (diciembre) en la que todo Perú se viene para la zona de playas a despedir el año. Busqué un banco libre de vendedores y me senté a pensar qué quería hacer por unos instantes. Ordenar la mente, cuando uno está solo de viaje es muy importante, porque estás todo el tiempo tomando decisiones.

Paré un mototaxi y le dije que iba al Misfit. “Buena decisión, vamos a lo de Rodrigo” me dijo el conductor y arrancó a toda velocidad por la calle principal. Poco a poco el gentío fue desapareciendo y Máncora se iba mostrando en una cara más genuina, sin tanto turista y sin tanto ruido. Dejamos la calle principal y comenzamos a transitar por calles de arena en relación al mar. Las casas de la zona eran muy modestas, ya no había restaurantes ni las luces de colores y la música del centro. La moto avanzaba a toda velocidad por esas callecitas de arenas hasta que llegamos a un portón.

Aquí es lo de Rodrigo! – Me dijo el conductor-. Voy con Usted a saludarlo. Un bonito lugar… ya va a ver…

ccc-29 ccc-28 ccc-25 ccc-24

En el Misfit, lo más parecido al paraíso en Máncora

Los perros de Rodrigo vinieron a darme la bienvenida inmediatamente. Alrededor nuestro algunos médanos y un poquito más adelante, el mar… majestuoso.

El hostel está completamente en la arena. Técnicamente no hay piso, ni paredes, ni puertas. La sala principal que tiene una especie de living, el comedor y la cocina está construida de cañas en un espacio rodeado de médanos. Allí estaba Rodrigo, de Portugal y su novia argentina y varios huéspedes del hostel, desayunando. Me senté con ellos a conversar un rato y tomar un café y así comenzaron 4 días donde el tiempo voló.

Si alguna vez me animo a dejar todo e irme a vivir a playa, buscaría un lugar muy parecido al que eligió Rodrigo.  El mar está ahí nomás, con su oleaje intenso sonando todo el día, los médanos, las palmeras, las cabañas, la buena onda que genera un hostel donde siempre hay viajeros contando sus historias, los fogones a la noche, todo se combinaba en este rincón de Perú para que los días sean geniales. Como estábamos lejos del centro, es poca la gente que llega caminando a esta playa por lo cual, casi que es exclusiva del hostel por lo cual, la tranquilidad es absoluta.  Y un detalle fundamental: desde las cabañas (super sencillas pero buenas) al mar, hay solo unos 20 metros.

ccc-21 ccc-12 ccc-7 ccc-6

Los días que pasé en Máncora fueron de mucha paz. Las mañanas transcurrían en la playa, siempre hubo tiempo para largas siestas en hamacas a la sombra cuando el sol pega fuerte luego del mediodía, luego en el atardecer caminatas por la playa y alguna que otra ida al centro para cenar a la noche. El Misfit aportó todo lo demás: viajeros para conversar todos los días que llegaban con nuevas historias, algunos compatriotas que venían a conversar y cenar y Rodrigo, su mujer y sus perros que le aportaban el toque familiar que uno cada tanto necesita cuando está de viaje. Fueron días de largas charlas, mates, chocotorta, cenas con sobremesas eternas, atardeceres, playa..  Más no se puede pedir.

Este rincón de Máncora para mí fue un pequeño paraíso durante estos días.

dsc_0571 ccc-58 ccc-41 dsc_0565 dsc_0623 dsc_0611 dsc_0637 dsc_0632 dsc_0629

Si visitan Máncora y quieren quedarse en el MISFIT  pueden contactar a Rodrigo a través del mail: misfithostel@gmail.com

Si quieren comentar, sugerir algo o hacer una crítica sobre este lugar, no duden en dejar su comentario. Está bueno poder hacer algo interactivo entre el blog y los lectores así todos aprendemos.

A los que les ha gustado este post, los invito a sumarse con un “Me Gusta” en la página de FACEBOOK o a suscribirse al blog para que les lleguen las novedades en su correo electrónico. Gracias!!

, , , ,

7 Responses to El paraíso escondido en Máncora

  1. Claudia Fogo 10/08/2016 at 13:45 #

    Me alegra que hayas podido encontrar Misfit…! Hace muchos años estuve en Máncora pero no era el caos en que se fue convirtiendo, había poco turismo entonces y era relajado. Aún no sonaba su nombre…
    La reflexión, parar y reencontrare con tu propio deseo hizo que al final apareciera tu lugar…
    Bueños baños marítimos, no?
    Adelante viajero !

    • polviajero 10/08/2016 at 13:58 #

      Pasa muchas veces con los lugares, cuando se hacen masivos… crecen y crecen hasta que desbordan y pierden la gracia. Por suerte en Máncora si te alejás del centro todavía podés encontrar la tranquilidad de una villa local! y sí.. fueron días pasado por agua!! mucho mucho mar!

  2. Graciela 10/08/2016 at 12:14 #

    Me habian hablado del Misfit. El norte del Perú es lo q me queda por conocer de ese hermoso país. Digo Norte desde Lima. Gracias por las tips sobre tu itinerario y medios de transporte. Buenos caminos. Graciela.

    • polviajero 10/08/2016 at 13:57 #

      Las playas del norte de Perú son muy muy bonitas. Yo pude visitar estas pero hay muchas más. A mí particularmente el norte de Perú me gustó mas que el sur, quizás porque el turismo no es tan masivo como en los lugares del sur y podés andar más tranquilo. pero bueno, vale la pena darse una vuelta por aquellas tierras!

  3. susaba 10/08/2016 at 11:09 #

    Me gusto mucho tu comentario sobre Mancora. Yo tuve la misma sensacion hace años en mi llegada a Punta de Sal. Saludos

    • polviajero 10/08/2016 at 13:54 #

      Gracias Susana! que hermoso Punta sal!!!!!! un abrazo

Trackbacks/Pingbacks

  1. Máncora, el paraíso que eligen los surfistas – Girando por el mundo - 09/04/2017

    […] http://www.polviajero.com/mancora/ […]

Leave a Reply to Graciela Cancel reply

Powered by WordPress. Designed by Woo Themes