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[en CHINA] // La vuelta a Beijing… el círculo se cerró

Volver a Beijing implica el cierre de un gran viaje. Allí donde todo había empezado, allí donde me había encontrado con esta fascinante cultura, ahora retornaba. Y eso que antes me había tan extraño y tan complejo para entender, ahora me resultaba un lugar familiar y conocido al que tenía muchas ganas de volver.

Llegué al aeropuerto de Beijing luego de unas dos horas y medio de vuelo desde Shanghai. El aeropuerto de la ciudad de Beijing está bastante lejos del centro de la ciudad pero hay un tren que conecta el aeropuerto con al red de metro de esta enorme urbe. Y yo me sentí tan en casa, que muy seguro de lo que hacía, salí del aeropuerto, me tomé el tren, hice combinación con el metro, cambié de metro y llegué al hostel. Tranqui, sin preguntar a nadie y casi sin perderme en ningún momento. Me sentía orgulloso de cómo ya había logrado moverme por Beijing sin dificultades.

Llegué al hostel luego de 50 días de haber partido. Me recibieron con una sonrisa y eso la verdad que no es poco. Me quedé en el mismo hostel donde había estado la vez anterior a propósito, para que todo me resulte familiar. Me registré, dejé la mochila arriba de la cama y volví a salir intentando recorrer lo que me faltaba de Beijing. Beijing es una ciudad inabarcable, no quiero ni siquiera arriesgar a decir los días que se necesitan para conocerla. Pero claro, como toda gran ciudad hay una serie de imperdibles. En mi lista tenía algunos lugares pendientes para conocer antes de volver a casa: el templo de los Lamas, el templo de Confucio, el colegio imperial y el Palacio de Verano. Tenía dos días para recorrer todo eso y además de esto un pequeño detalle: comprar todos los souvenirs, habidos y por haber porque en los casi dos meses de viaje no había comprado ni un solo recuerdo en ningún lado. No porque no me haya cruzado con cosas muy bonitas y baratas para comprar, sino porque no lo quería andar cargando. Así que ahora tenía que saciar mi vicio de consumo y Beijing, para eso es ideal.

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Beijing me había vuelto a recibir con mucho frío, pero no tanto como antes. Ahora hacía apenas 5 grados bajo cero (comparados a los 16 grados bajo cero de fin de diciembre, esto era casi templado!). Me fui caminando para el templo de los Lamas, por más que iba buscando la vereda del solcito, la verdad que el frío se sentía.  Me apuré sin embargo para llegar al Templo de los Lamas. El templo cerraba a las cinco y eran las tres de la tarde y estaba a un par de cuadras largas todavía. Tenía que apurarme bastante.

El Templo de los Lamas o Yonghegong es el templo budista tibetano más importante que existe fuera del Tíbet, además de uno de los centros religiosos más populares de Pekín. Construido durante el siglo XVII como palacio para el príncipe Yongzhen, en 1744 se convirtió en un importante monasterio para los monjes lamas. En la actualidad el monasterio es el refugio espiritual para un grupo de monjes mongoles dedicados al estudio de la astronomía y la medicina. Llegué alrededor de las cuatro de la tarde y la verdad, ni bien ingresé, quedé maravillado con su arquitectura.

El Templo de los Lamas es un atractivo complejo formado por varios edificios tradicionales con tejados dorados. En los patios que se encuentran entre los edificios se pueden ver enormes quemadores de incienso en los que los fieles colocan cientos de varillas que producen un penetrante olor.  Ni bien uno entra cruza alrededor de la torre del Tambor y la Campana, construcciones típicas para estos templos. Luego,  uno de los mayores edificios, el Falun Dian, acoge una estatua de bronce de seis metros de Tsongkapa, fundador de la Secta del Bonete Amarillo. La mayor de las edificaciones centrales, el Pabellón Wanfu Ge, aloja la más valiosa de las posesiones del templo, una impresionante estatua de Maitreya, el Buda futuro. La escultura, de 18 metros de altura, fue tallada a partir de una única pieza de madera de sándalo. Hay un montón de pabellones como, el de la armonía, la protección, la rueda de la ley, en todos ellos alguna estatua de buda, pero sin duda el que mas me impactó fue el pabellón de las mil felicidades, alberga una estatua de buda de 18 metros de alto, tallado en una sola pieza, fue regalo del emperador al Dalai Lama por su ayuda en una revuelta del Tibet.

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La visita al templo fue larga, aproveché para comprar algunas artesanías a la salida y luego a buscar algo rico para comer y descansar. Decir algo rico en Beijing implica animarse a comer pato y eso hice. Un restaurante en el callejón del hotel, atestado de turistas y locales que asaba un pato excepcional.

Al otro día me levanté bien temprano para ir al Palacio de Verano. Utilizado como jardín imperial por varias dinastías, el Palacio de Verano se convirtió en un agradable refugio que la dinastía Qing utilizó para escapar de los calurosos veranos de la Ciudad Prohibida. Con una extensión de más de 290 hectáreas, el Palacio de Verano está dominado por el Lago Kunming, que ocupa una tercera parte del terreno. En torno a la calma y la tranquilidad transmitida por el lago se suceden infinidad de templos, palacios y jardines que conforman un completo placer para los sentidos. Se puede llegar en metro hasta él, pero es un largo viaje. Tardé más de una hora desde el centro de la ciudad. Aproveché para desayunar algo antes de entrar y luego dediqué todo el día a recorrer sus atracciones.

El Palacio de verano es muy extenso y sería posible pasar varias horas paseando para descubrir cada uno de sus rincones. Algunos de los puntos más interesantes son los siguientes incluyen a Torre de la fragancia de Buda, la cual tras una vertiginosa subida a través de las empinadas escaleras,  permite lograr unas vistas desde lo alto de la torre que hacen que el ascenso haya merecido la pena. Otro lugar muy pintoresco es el Jardín de la Virtud y de la Armonía: El edificio de tres plantas utilizado como teatro, fue el escenario en el que la compañía de ópera de la corte realizaba sus representaciones para entretener a la emperatriz Cixi. A determinadas horas se pueden ver algunas representaciones y bailes tradicionales. También el Jardín del gusto armonioso, con preciosas edificaciones chinas se reflejan en el agua mientras una naturaleza salvaje lo envuelve todo en este rincón tan especial. Finalmente un punto para destacar es la Gran Galería, conformada por un gran corredor cubierto que recorre 728 metros del Palacio de Verano está formado por vigas de madera decoradas con más de 14.000 pinturas que muestran escenas de la historia y la mitología china.

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El Palacio de Verano, integrado principalmente por la Colina de la Longevidad y el Lago de Kunming, cubre una superficie total de unas 290 hectáreas, cuyas tres cuartas partes cubiertas por aguas. Por la época en la que me tocó visitar este Palacio, el lago estaba completamente congelado y la verdad que esto lo hacía todo más bello. Aproveché para caminar mucho por los bosques y colinas que rodean al palacio, me senté a meditar un rato con las bellas postales de ese entorno, y luego, cuando el sol estaba cayendo ya, comencé el largo camino de retorno al hostel.

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En realidad, antes de volver al hostel fui a dar una vuelta más por el centro. Quería despedirme de la plaza de Tiananmen y la Ciudad Prohibida. El frío que hacía allí es difícil de explicar pero caminar por ese lugar tan magnífico, tan lejano y de tanta relevancia histórica hace que todo lo demás valga la pena. Cuando oscureció me metí en un Sturbacks para tomar mi litro de café diario y aprovechar su conexión a wifi. Era mi último día en Beijing, o al menos eso creía y quería recorrerla toda a pesar de que estaba agotado de tanto caminar.

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Al día siguiente me levanté bien temprano para dejar la mochila lista. Ayer había comprado de todo y ahora, la mochila explotaba. Tuve mi mac desayuno y luego empecé a caminar para el templo de Confucio. La verdad, allí China volvió a sorprenderme. Mientras iba caminando me encontré con otros dos viajeros argento que me reconocieron por el blog. La verdad que fue una gran sorpresa. Aprovechamos para charlar mucho y fuimos juntos para el templo de Confucio. Es un lugar sagrado. Está ubicado en la Calle Chengxian,  que cuesta encontrar pero que al llegar a ella se descubre con un intenso sabor literario. Es ancha y está flanqueada por árboles frondosos.  Con tranquilidad, relajación y el aroma del incienso, la calle de Guozijian es una calle antigua combinando el pasado y el presente de Beijing con el Templo de Confucio en el Este y el Colegio Imperial en el oeste.Hay un fuerte aroma que proviene de las tiendas de incienso y, poco a poco, el olor de los libros antiguos se impone sobre él reinando la calle. El Templo de Confucio es donde se rendían culto a Confucio durante las dinastías Yuan, Ming y Qing (1271-1911). Nudosos árboles de ciprés fuera de la puerta crean muchas sombras para escapar del sol. A cada lado de la puerta se encuentra una estela enorme de mármol inscrita en mandarín y mongol ordenando a los que montaban, hasta al emperador, bajar de su cabalgadura. Los azulejos amarillos en el techo revelan su dignidad más allá de templo. Además del Templo de Confucio, el Colegio Imperial era la institución educativa de categoría más alta durante las dinastías Yuan, Ming y Qing.

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Así terminaba mi visita a China. Un dato que no conté hasta el momento: hoy era 9 de febrero y a las 12 de la noche comenzaba un nuevo año nuevo chino: el año de la Serpiente. La ciudad comenzaba a vivir ese clima de fiesta. Se escuchaban los cohetes sonar cada tanto, cada vez con mas frecuencia. Empezaban a aparecer pequeñas bengalas y fuegos artificiales.La gente estaba haciendo los últimos preparativos para juntarse en familia a despedir al año del dragón y darle la bienvenida al año de la serpiente. Y yo me estaba volviendo.

Volví hacia el hostel, agarré mi mochila (pesadísima como nunca luego del shopping de ayer) y salí hacia el aeropuerto. Me fui caminando al metro, hice las combinaciones necesarias y me tomé el tren de alta velocidad a la terminal 2 del aeropuerto. Así creía que terminaba mi viaje pero China tenía para mí una última sorpresa: cuando llego a la gran cartelera informativa del segundo piso del aeropuerto veo que al lado de mi vuelo a Canadá decía la única palabra que un turista no quiere leer al llegar al Aeropuerto: CANCELLED. Mi vuelo estaba cancelado y ese día, que ya suponía estar viajando a casa, me iba a quedar… a festejar el año nuevo chino.

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2 Responses to [en CHINA] // La vuelta a Beijing… el círculo se cerró

  1. Silvia Boaglio 05/25/2013 at 23:18 #

    muy bueno tu viaje a China,pero como vos decis,no se puede calcular cuanto tiempo hace falta para conocer a CHINA,es inmensamente grande,bella ,llena de historia…….abrazosssssss

    • polviajero 05/26/2013 at 17:37 #

      gracias silvia! se acabaron los relatos del viaje por China, ahora hay que empezar a planear uno nuevo!! saludooos

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