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La escuela de Uyuni y los chicos que viven solos

Llegué a la Unidad Educativa Daniel Campos un lunes por la mañana con un sol que pegaba fuerte en el centro de Uyuni. Alrededor de manzana donde se ubica la escuela todos los días se arma una importante feria donde se compra y vende de todo, desde pollos vivos hasta heladeras pasando por peines, memorias para celular o cebolla. La puerta de la escuela ese día estaba obstaculizada por un tumulto de gente que se formaba entre los chicos que querían salir del colegio y los feriantes y sus clientes que ocupaban las veredas. Miro la situación y me sonrío pensando en las diferencias que empiezan a aparecer entre esta escuela y las que visité en Chile.

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El edificio de la Unidad Educativa Daniel Campos es un edificio viejo, un tanto descuidado, con paredes pintadas de celeste pero todas descascaradas. La puerta es de chapa y cuando llego hay un alumno de los años superiores encargado de abrir y cerrar el cerrojo. Parece que es un día de feria en el colegio, hay muchos papás dando vueltas por el patio y los alumnos no parece que estén en clase. Le consulto a una persona sobre la Dirección del colegio y me indica que está en el piso superior. Una estrecha escalera lleva a las oficinas del Director: en principio, una gran sala, con mucha gente esperando, es la secretaría de la Unidad Educativa que actúa como antesala de la oficina del director. La secretaría está repleta de trofeos, maquetas de cartón amontonadas en cada esquina y un par de escritorios tapados por papeles y biblioratos. El tránsito por la secretaría es constante y el secretario no para un segundo de atender gente. Con boina, camisa a cuadrillé, poncho y alpargatas, el perfil campechano del Sr. Secretario es innegable. Me indica que tengo que esperar al Director un rato porque está terminando una reunión pero el secretario se asegura de que me reciba pronto. Mientras aprovecho a recorrer la galería del colegio y no puedo dejar de recordar el patio y las galerías de los coles donde trabajaba hace algún tiempo atrás.

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El director me cuenta un poco de la historia del colegio, las características pedagógicas de su proyecto educativo y los proyectos en los que participan. Todo eso resulta interesante pero hay una frases que me impacta y me queda dando vueltas en la cabeza durante el resto de la entrevista: “Aquí tenemos chicos que chicos viven solos”.
La historia de los chicos que asisten a esta escuela en la ciudad de Uyuni es una historia de esfuerzos y supervivencia. Sus padres trabajan en el campo, en el cultivo de la quínoa y por eso se alejan largas temporadas de sus casas. Algunos viajan al exterior en busca de un trabajo mejor remunerado y otros van a trabajar a la mina, a San Sebastián, no muy lejos de la ciudad pero permanecen allí quincenas enteras. Mientras tanto, sus hijos viven solos. Quedan solos en sus casas, cuidando hermanos menores o al cuidado de sus hermanos mayores. Así se empieza a tejer la trama que incluye exclusión social y pobreza. Chicos que viven solos, que van a la escuela sin desayunar, que tienen que arreglárselas muchas veces haciendo changas para poder comer ellos y sus hermanos… la vida es injusta para estos chicos. Empiezan su paso por el mundo en una situación de desventaja total. Solos, a la intemperie, sin nadie que los ayude, los consuele o les ponga una manta cuando a la noche refresca.
Me quedé un rato largo charlando con el director sobre estos pibes. Sus papás se van a la cosecha de la quínoa en campos lejanos o en búsqueda de cosechas en otras regiones. Los pibes quedan en las casas de la familia, solos o al cuidado de algún mayor que cada tanto los va a ver. Abuelos, tíos, quien sea… pero muchos quedan solos. Uno de los profesores me contaba:
Algunos son labradores, porque últimamente se ha dado el boom de la quínoa y muchos se han volcado a su cultivo. Muchos estudiantes también se preocupan de ir a sembrar para tener sus beneficios para vivir aquí para estudiar, porque necesitan sus recursos. La mayoría de los papás están en el campo y son agricultores. Después algunos tienen los papás que trabajan en los ferrocarriles, otros trabajan en la casa, otros se han ido a trabajar a San Cristóbal… la minera que es más grande. La minera también muchas veces absorbe a los jóvenes porque los necesita y los contrata”.

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En la escuela todos me comentan lo difícil que es que los padres se acerquen cuando la escuela los convoca. Yo por mis adentros pensaba… lo más duro es la situación de esos pibes, que viven solos, ni ellos logran convocar a sus papá. El director me contaba:
En general son agricultores, son ganaderos y agricultores, y otro tanto se dedica a la minería. Tenemos minas aquí en San Cristóbal y en Atocha. Esto hace también que no puedan venir constantemente. Por ahí vienen una vez al mes o cada dos meses, vienen un ratito a averiguar lo que hace difícil planificar actividades con los padres de familia. Luego, los padres que viven aquí en Uyuni también tienen su trabajo. Muchos se dedican al turismo lo cual implica a veces irse de viaje dos días o tres días, acompañando los grupos de turistas, cocinando… lo cual también dificulta que podamos hacer actividades con las familias”.
Yo pensaba en lo difícil que es construir un proyecto de vida sin una familia que te apoye.
El director del colegio, mientras conversamos sobre la situación socio-económica de los estudiantes plantea alguna de las problemáticas que trae aparejado que los chicos vivan solos: “Sus papás, por motivos de trabajo, o están en sus comunidades o están fuera de la ciudad. Eso implica que los jóvenes viven solos. Motivo por el cual a veces tenemos algunas dificultades. Primero, no hay un seguimiento adecuado de los padres de familia al aprendizaje de sus hijos. Lo cual implica un mayor trabajo por parte de los docentes. Pero a la vez tenemos la dificultad de que tenemos unos 45 estudiantes por curso por lo cual muchas veces el docente no siempre se puede dedicar adecuadamente a hacer ese seguimiento. Por eso hemos tenido dificultades con los estudiantes con respecto a su aprovechamiento (rendimiento), hemos tenido dificultades de comportamiento, se dedican hasta el consumo de bebidas alcohólicas, se dedican a asistir a juegos electrónicos y esto hace que finalmente se descuiden de sus estudios. Entonces eso ha influenciado negativamente en su aprovechamiento (rendimiento).
Sobre esta situación la escuela no puede hacer demasiado más que acompañar y dar afecto a estos chicos. Han diseñado un sistema de tutores con sus escasos recursos como estrategia para lograr un acompañamiento, participan en proyectos extracurriculares y el director trata de estar atento a todas las necesidades de sus alumnos. Es una rectoría a “puertas abiertas”, los alumnos consultan todo el tiempo al director o van en busca de su ayuda. No sé si será suficiente, pero tanto el director como su equipo se ven todo el tiempo atareados.
Me fui de esta escuela pensando en la soledad de estos chicos. Pensaba en mi familia y cómo me gustaba llegar a casa y que la comida esté lista. Pensaba en cómo mi mamá y mi papá me ayudaban para hacer las tareas escolares o esos domingos a la tarde donde había que salir corriendo a buscar una librería abierta porque me había olvidado de decirles de algo que debía llevar para el lunes. Me senté un largo rato en una plaza a disfrutar de ver la gente pasar. Un grupo de estudiantes de uno de los colegios cercanos justo va a la plaza a festejar su promoción. Terminaron la secundaria y lo festejan cantando, saltando y bailando al ritmo de música tradicional. También se tiran un poco de agua con una manguera de los jardines de la plaza y los papelitos vuelan por el aire. Me resulta imposible no acordarme de los festejos de mis alumnos en Buenos Aires cuando terminan el colegio. Cambia el contexto pero la alegría de terminar la secundaria es la misma en cualquier lado.

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Esta escuela me dejó pensando en la soledad. Una cosa es estar solo porque uno elige, por ejemplo, viajar solo y sabe que al volver se encuentra con su familia y sus afectos. Pero otra cosa es estar solo porque te deharon así.

Es de noche ya. El paisaje del altiplano transmite soledad, es cierto. Y la noche, silenciosa, todavía un poco más. Cuando baja el sol y la gente se refugia del frio en los hogares, las callecitas de Uyuni quedan desiertas. Mientras busco un lugar donde tomar una buena sopa, pienso en las decenas de pibes que en ese momento están comienzo solos en sus casas. O cuidando a sus hermanitos intentándolos convencer para que coman la comida que les han preparado. Me siento un privilegiado, sin dudas, pero a la vez me voy a dormir triste, pensando en estos pibes.

Para los que quieran seguir el proyecto:

  • Para los que quieran conocer más en profundidad el proyecto pueden hacerlo a través de este link: Proyecto Abreviado
  • Pueden seguir el día a día de este viaje a través del blog con la nueva sección que armé para ir contando el avance del trabajo de campo de la investigación y las diferentes experiencias que voy viviendo en este PROYECTO ESCUELAS
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8 Responses to La escuela de Uyuni y los chicos que viven solos

  1. Claudia 01/14/2016 at 13:07 #

    Los padres regresan al tiempo, los niños mientras tanto avanzan en su educación escolar, probablemente hijos de padres analfabetos que han tenido menos oportunidades educativas que sus hijos. Imagino te seguirás encontrando con esta soledad que te resonó fuertemente a lo largo de tu viaje por Latinoamérica… Es parte de nuestra realidad.
    Adelante con tu investigación y tus generosos relatos! Amorabrazo.

    • polviajero 01/14/2016 at 14:59 #

      Si, tal cual, sin dudas estos chicos tienen muchas más oportunidades que sus padres. El director me contaba que muchas veces los padres les piden a los profesores que les lean los boletines para saber cómo les fue a sus hijos. Es una realidad muy muy compleja. Un abrazo Claudia!

  2. Llun Lin Lay 01/13/2016 at 21:19 #

    Hola:

    Muy similar a lo que viste en Chile. La lógica indicaría que ésto debe ser así, como lo comentas. Independiente del lugar/país. Sin embargo te puedo comentar que la realidad de los inmigrantes orientales puros (lo que yo conozco), sin casi estudios locales y cuya meta es salir adelante, es similar pero el resultado inverso: trabajan mucho, llegan tarde a la casa, hijos criandose casi sólos. Pero estos hijos estudian sin “vigilancia”, “recordatorios” ni “ayuda” en las tareas (no pueden, porque apenas dominan el idioma local y no está inserto dentro de su cultura). Y estos hijos son profesionales. No te podría explicar porqué sucede. Pero me llama la atención. A lo mejor te doy una idea qué investigar en tu proyecto escuela.

    Saludos

    Llun Lin Lay

    • polviajero 01/14/2016 at 01:48 #

      Mmmm… es un tema delicado. Es radicalmente distinta la situación. Una cosa es que tu papá trabaje todo el día y a la noche llegue tardísimo a tu casa… otra cosa muy muy distinta es que tu papá te deje solo por 1 mes a cargo de la casa, tengas que cuidar a tus hermanos, apenas te deje para comer y no te vea hasta que terminan los meses de cosecha… es un panorama claramente mucho mas desalentador… te lo aseguro! saludos llun!

  3. Noelia 01/09/2016 at 14:33 #

    Es increíble esto que contas. Como vos, recuerdo cuando era chica y volvía a casa después del colegio y mi mamá me esperaba con la comida, no me puedo imaginar siquiera la vida de estos chicos. Seguramente te vas a encontrar con muchas otras situaciones difíciles, de las que quizás uno no está tan al tanto por vivir en una ciudad mas grande y central. Ojalá esto pueda ser mejorado en breve.

    • polviajero 01/09/2016 at 17:07 #

      Hola Noe! Si, son historias duras… muy duras. Son pibes que aprenden a criarse solos, lejos de su familia, muy dificil empezar la vida así… en fin, un abrazo desde Ecuador!
      Pablo

  4. Marchu 01/09/2016 at 11:49 #

    Muy interesante la historia de vida que comentas. Hace un tiempo leí una nota sobre una población, no recuerdo donde, en que los hijos vivían solos xq los padres trabajaban en el exterior o lejos de su casa. Seguí reuniendo más datos interesantes para tu trabajo de investigación!!! Cariños🌹😀

    • polviajero 01/09/2016 at 17:03 #

      Gracias Marchuuu! Si, son historias muy muy interesantes, muy duras por cierto, pero bueno, puro aprendizaje! saludos desde Ecuador!

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