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Namibia

 Historias Breves en grandes viajes es una sección del blog que busca recuperar las historias, anécdotas y pequeños sucesos de la vida viajera que quedan perdidos entre los post de grandes viajes. 

[Historias Breves]  Las dunas de Namibia tienen número: me tocó el 45

Fue un largo día de viaje por Namibia. Partimos alrededor de las siete de la mañana del campamento en obas, al sur del país y viajamos rumbo norte hacia el Parque Namib Naukluft. En el medio tuvimos unas ocho horas de viaje por zonas desérticas en las que aproveché para escribir un rato y sobre todo, leer sobre la historia de estas tierras.

La historia de Namibia está claramente condicionada por el carácter inhóspito de sus tierras y de sus costas lo cual ahuyentó a los posibles conquistadores occidentales cuando ya se encontraban diseminados por todo el continente repartiendo su territorio. De hecho, en la lengua local, Namibia significa algo así como “tierra de nadie”. Sus ocupantes más antiguos fueron los bosquimanos que han dejado constancia de su paso con innumerables pinturas rupestres y recién en el siglo XVI lo XVII aparecieron tribus como los bantúes que luego tendrían gran importancia en la historia del país. Los primeros europeos que desembarcaron en las costas de Namibia fueron portugueses y holandeses pero ante lo inhóspito de las tierras, se marcharon hacia el sur. Quienes desarrollaron estratégicamente su colonia aquí fueron los alemanes. La ambición económica por la potencialidad de recursos de estas tierras fue el justificativo para que los alemanes arrasaran las aldeas de hereros y bantúes que poblaban Namibia. La explotación alemana de la zona duró hasta el fin de la Primer Guerra Mundial, momento en el que perdió todas sus colonias. El territorio de Namibia pasó a ser administrador por la Unión Sudafricana, en pleno Apartheid, lo cual era equivalente a tener un nuevo explotador. Recién en 1990 Namibia logró la independencia conformando un gobierno democrático en el que se reparten los cargos respetando la proporcionalidad de miembros de cada etnia del país.

Mientras yo seguía leyendo sobre la historia del país, el viaje con rumbo norte seguía. El territorio era realmente inhóspito y cada tanto se nos cruzaba algún avestruz que le aportaba un poco de vida al entorno. Llegamos al Parque Namib Naukluft a media tarde. Acampamos en el campamento de Sesriem, a unos cuatro kilómetros del cañón homónimo. Fuimos hacia allí para comenzar nuestra exploración por la zona.  El cañón de Sesriem ha sido tallado con el tiempo por el río Tsauchaub, que de repente desaparece abruptamente en la llanura circundante hundiéndose en una garganta estrecha y profunda. Luego cenamos temprano contemplando el atardecer en el desierto y, al caer la noche, encendimos un fogón para disfrutar las últimas cervezas del día.

A las cuatro y media de la mañana nos despartamos y salimos en camión rumbo a las dunas del desierto del Namib. El Namib ocupa unos 2000 km2, y en la mayor parte de su superficie, carece de vegetación. Sus dunas se catalogan como las más altas del mundo (muchas de ellas de 150 metros de alto y otras que sobrepasan los 300 metros) por lo cual todo hace pensar que es el desierto más seco y viejo de los que existen en el planeta. Si bien el Namib recibe poquísimas lluvias, algo típico en los desiertos pero lo que lo hace distinto es que tiene el mar a menos de 30 kilómetros que lo provee de cierta humedad para que la flora y la fauna sobrevivan.

Más allá de todos estos datos, lo mejor es recorrer el desierto y disfrutarlo. En nuestro caso comenzamos el ascenso por las dunas cuando todavía era de noche. Me costó muchísimo subir porque por cada paso que avanzaba retrocedía dos deslizándome por la arena. Tenía que hacer mucha fuerza para avanzar y las dunas parecían cada vez más empinadas. Cuando llegamos a la cima, recién comenzaban las primeras luces del amanecer y esto nos permitió tomar conciencia de la belleza del lugar por donde estábamos. Con las primeras luces del amanecer, la arena parece dorado pero a los pocos minutos, cuando el sol comienza a trepar por el cielo, las dunas cobran un tono cada vez más rojizo. Parecería que hay alguien jugando con la paleta de colores que no para de cambiar.

En la lengua local, las dunas se denominan “barkans” y están numeradas, como si fueran calles de acuerdo al kilometraje en el que se ubican en la ruta. La que nosotros subimos era la duna 45 (ubicada a 45 km de Sesriem). Las dunas del Namib a veces aparecen solas y otras veces conforman grupos de varias actúan como una especie de barrera altísima que impide ver más allá de ella. Los estudiosos del Namib explican que estas dunas presentan forman de medialuna porque se mueven por efecto del viento, sus salientes siempre señalan la dirección del viento y sus laterales son de poco grosor por lo que avanzan de forma más deprisa que la masa central y superior. De cualquier modo, lo más sorprendente de las dunas del Namib es su color. No son amarillentas ni blancas sino rojizas y esto se debe a la almandina, un mineral muy común en la zona.

A medida que el sol se ubicaba cada vez más alto en el cielo, los tonos rojizos se hicieron cada vez más diversos y todos los observadores quedamos maravillados a medida que los rayos del sol alumbraban el desierto. Estábamos arriba de una enorme duna y la recompensa de haber llegado hasta allí era magnífica: el mar de arena roja que nos rodea es abrumador. Pero no es solo el lugar lo que asombra, también el tiempo: la escala del tiempo del desierto pone a cualquier ante la insignificancia de la propia existencia. Hace 5 millones de años que la naturaleza ha iniciado el tallado de este paisaje. Resulta increíble ante los ojos.

Subir por la cresta de las dunas fue difícil pero bajar fue lo más divertido. Lo mejor es intentar bajar corriendo: cuando la velocidad aumenta el peso del propio cuerpo, uno empieza a hundirse en la arena. Lo mejor es bajar rodando porque abajo una ducha nos esperaba en el campamento.

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El campamento en Sesriem, Namibia

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Las dunas del Namib

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En la cima de la Duna 45

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Las dunas rojizas del Namib

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El cañon de Sesriem

Si te gustó esta historia, o si no también, no dudes en dejar su comentario. Está bueno poder hacer algo interactivo entre el blog y los lectores así todos aprendemos. Gracias!

2 Responses to Namibia

  1. gonza 09/26/2015 at 12:21 #

    Qué imponente la forma en que se puede encontrar un paisaje hermoso y natural sin una pizca de verde! Me encantó la segunda foto.
    Igual, si a mí se me ocurriese bajar rodando, seguro que me pica un escorpión o algo así…

    • polviajero 09/26/2015 at 20:24 #

      Buena! tal cual Gonza! el paisaje de Namibia, y de África en general, es realmente fabuloso!!! la combinación de colores del desierto es magnífica!

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