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[De viaje por EUROPA] // DeenHag – TheHague – La Haya

Europa me convenció de la importancia de los desayunos. Hay un antes y un después en la vida luego de probar el Nutella.  Me levanté temprano solo para desayunar y disfrutar de mis últimas horas en Alemania. Me tomé el Intercity Express para ir hasta la estación de tren. Allí tomaría el tren a Holanda pero llegué muy temprano por lo cual aproveché para mirar algunos diarios (la noticia del momento es una escalada en el conflicto entre Israel y Palestina, algo ya habitual en estos años, pero que logró la tapa de los diarios del mundo por la cantidad de muertos que hubo tras un atentado). Tomé el tren puntualmente (no podía ser de otro modo viajando de Alemania a Holanda!). Los números de la suerte en este primer viaje en tren internacional en Europa fueron 28-36 (vagón 28, asiento 36) y tuve que correr a unos usurpadores innecesarios de asientos (porque el vagón iba vacío y justo se vinieron a sentar en mi lugar). El viaje de Koln a Ámsterdam era de tres horas aproximadamente y luego debía tomar otro tren hacia La Haya. Verdaderamente no noté el momento en que cruzamos la frontera. Lo único que pude percibir fue un cambio notable en el clima que se hizo mucho más frio y de repente todo se cubrió de nieve.  Campos llenos de escarcha, lagunas congeladas completamente, montones de nieve al costado de la vía y un sol tenue que apenas se dejaba ver detrás de los nubarrones grises que poblaban el cielo pero en el vagón, el clima perfecto.

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Puntualmente llegamos a Ámsterdam a las 13 y 25 en un mediodía extremadamente frío. Se veían los típicos canales congelados, los barcos con escarcha y la gente con tanto abrigo que parecían estar movilizando placares enteros. La estación central era un hervidero de gente y ni un cartel en inglés. Me costó bastante orientarme porque el “dutch” no es para nada entendible. Debía llegar a la plataforma 14 A que estaba en otro piso, por lo que nunca la iba a encontrar allí. Finalmente llegué luego de preguntarle a 10 personas, 2 perros y tres plantas. Los trenes en Holanda no parecen ser tan nuevos como los trenes alemanes pero son igualmente puntuales, y de un color amarillo estridente. Algo para destacar, a diferencia de lo que sucede en Alemania, es que en cada tramo del tren sube un inspector, por  lo que resulta imposible perderse de pasar por el control de boletos.

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Llegué a la terminal HollanStadium y desde allí salí en búsqueda del hostel STAY OKEY, que fue bastante fácil de encontrar a pesar de mi desorientación total desde que llegué a Holanda. Lo primero que me sorprendió de esta ciudad es que al igual que la capital del país, Ámsterdam, tiene canales. Me sentía verdaderamente en Holanda desde que vi los canales. Eran como una garantía de que había llegado al destino que había estado buscando. Conocí en el hostel a un viejo yanqui que me acompañó al centro de la ciudad y me explicó algunas claves básicas para orientarme: cómo llegar al centro, cómo llegar al mar, cómo volver al hostel… y siguió su camino. Comencé entonces mi tour fotográfico. Saqué algunas fotos en el STAD HUIS, un complejo arquitectónico postmoderno que es la Municipalidad de la Ciudad y sede de la Ópera. Luego fui al histórico parlamento (Parlementsgebouwen en Ridddurzal) y de ahí fui hasta el Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de la Organización de las Naciones Unidas. Caminé un buen rato a lo largo de Alexander Street y recorrí el barrio de las embajadas. Mi plan original era llegar hasta el mar (el Mar del Norte) pero el frío y la neblina que comenzó a cubrir todo me incitaron a volver al hostel. Eran las seis de la tarde y ya era completamente de noche.

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A la noche (mejor dicho, cuando terminé de cenar alrededor de las 9 y media) volví al centro para recorrer un poco de la zona de Groote Mark, donde están los shoppings y la movida nocturna de la ciudad. Muchas fiestas privadas, restaurantes carísimos, y autos de marcas que ni siquiera conozco. La elite de Holanda se paseaba por esta zona y yo lo único que quería encontrar era un Mc Donald para tomar un café baratito. En fin, luego de lograr el hallazgo y disfrutar de un café kilométrico escribiendo un rato.

Al día siguiente fui caminando hasta el Mar del Norte. Mejor dicho, empecé a caminar hasta que encontré un autobús que me lleve. Llegué a la playa Scheveningen, donde una famosa marca de sopa holandesa promovía que la gente se zambulla al mar del norte con el frío que te calaba los huesos y luego te regalaban una sopa. Cientos de holandeses lo estaban haciendo pero yo solo me animé a tocar el agua con los dedos. No más. Scheveningen es una gigantesca paya con un hotel construido en un palacio de la realeza en desuso. Aquí estaba paseando toda la gente que dejó al centro como un lugar abandonado. La playa estaba repleta de negocios y muchísima gente estaba patinando en una pista que funcionaba en los jardines del antiguo palacio. Me compré unos churros para amenizar mi caminata hacia el norte de la playa. Caminé un par de kilómetros, en realidad, creo que unos tres kilómetros desde el centro para llegar hasta donde están aún emplazadas las defensas antiaéreas nazis en el mar del norte. Este lugar recuerda al mundo el rol que Holanda jugó en defensa del régimen nazi y que poco se sabe. La historia de Europa es una historia repleta de guerras y la verdad que no dejo de admirarme de su capacidad de reconstrucción.

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Aquí, en la playa del Mar del Norte, el frío es intenso. Hay hielo sobre la arena y los pastos están congelados. Si uno cierra los ojos y deja volar su imaginación pueden transportarse con facilidad al momento de los desembarcos durante la Segunda Guerra Mundial. Eran las tres de la tarde y se largó a llover. Los nubarrones anunciaban que el clima continuaría malo. Mejor volver.

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  1. Un pueblito llamado DELFT, en Holanda. | Polviajero.com - 12/01/2013

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