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[De viaje por EUROPA] // Me despido de Francia en Burdeos (Bordeaux)

La primera impresión que tuve de la ciudad de Burdeos digamos que no fue la mejor. Llegué de noche, no logré orientarme muy bien desde el comienzo, mucho frío, calles desiertas porque ya era tarde y el viento calaba en los huesos y la gente de SNFC (la compañía de tren de Francia) que, por decirlo de una manera sencilla, no era de lo más amigable y gentil. En el día completo que pasaría en la ciudad tenía que cambiar este conjunto de sensaciones que me había generado el primer contacto con ella. Un buen desayuno francés era un buen modo de revertir estas tendencias negativas, sin lugar a dudas. El hostel estaba lleno de franceses por un congreso que se desarrollaba en la ciudad pero por suerte, encontré un brasileño para ensayar un poco de “portuñol” mientras desayunábamos pan tostado con Nutella.

Estaba en Burdeos de paso, eso lo tenía bien claro. Andaba de camino a España, pero eso no implicaba dejar de disfrutar un poco de esta ciudad del sur francés. Con mi compañero de hostel de Brasil fuimos a la estación de trenes a averiguar horarios y destinos posibles. El panorama no era tan terrible como lo habían planteado la noche anterior los poco amigables empleados de SNFC. Era muy sencillo llegar a España, estaba seguro de eso y lo confirmé al llegar a la estación. A las 13:15 hs salí un tren hacia Irun, un pueblito en la frontera con España, y desde allí a las 16 salía un tren hacia Madrid. A las 22 hs ya podría estar en Madrid, lo cual era perfecto. Ocho horitas de viaje en un día y cambiaba de país nuevamente en este largo viaje por Europa. Hice la reserva del pasaje y todo listo para disfrutar de un día completo recorriendo la ciudad. Mañana viajaría a España, por lo cual tenía que disfrutar de mi último día en Francia (uno nunca sabe cuándo va a volver a visitar estos destinos).

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Ni bien comencé a recorrer la ciudad, la catarata de prejuicios que se me habían formado por llegar de noche, solo y con mucho frío, comenzaron a desvanecerse. Burdeos es una bella ciudad y de hecho, la llaman, la bella con justa razón. Se asienta sobre las márgenes del Río Garone, que zigzaguea a lo largo de toda la ciudad y sobre la avenida costanera se han construidos los grandes edificios históricos. Anduvimos por el Cours de la Marche, hasta la Plaza de la Victoria, donde se alzan aún uno de los antiguos arcos de entrada a la ciudad. Un detalle: al costado del gran arco hay una enorme tortuga y la verdad que no sé por qué. Anduvimos dando vuelta por la ciudad hasta llegar a la Catedral de San Andrés y al Hotel de Ville, que está a su lado. Hay muchas cosas interesantes para ver en esta ciudad: iglesias de hace varios siglos, las puertas de la ciudad antigua, la costanera, enormes palacios.

Fue un día de mucha caminata pero a la vez, de relax disfrutando de la ciudad. Al otro día me tomé el tren hacia la frontera con España. A las 13: 15 el tren partió puntualmente rumbo a Irum y a las 15:45 llegamos a la frontera norte de Españna. Cruzamos por algunos lugares muy bonitos en el Golfo de Vizcaya. Unos treinta minutos de espera en Irum y un poco pasadas las 16 arribó el tren que me llevaría hasta Madrid. Viajar en tren en Europa es, lejos, uno de los viajes más cómodos que se pueden hacer. No es barato, es cierto, pero realmente se disfruta mucho la puntualidad, el orden, la limpieza, el espacio… ya se me había hecho una linda costumbre, sentarme en el tren, preparar el mate y ponerme a escribir sobre lo vivido en los largos días de caminata que estaba viviendo.

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Un poco de historia de la ciudad…

Desde el siglo III, Burdeos, conocida como “La pequeña Roma”, fue una ciudad galo-romana muy próspera. Obviamente esta prosperidad que acompañó a la ciudad en su historia está ligada a los viñedos con los que se siguen produciendo algunos de los vinos más deseados en el mundo. Fue durante la Edad Media que la ciudad comenzó a ganar prosperidad a partir del comercio del vino y también gracias a su ubicación estratégica en el camino hacia uno de los grandes centros de peregrinación de Europa: Santiago de Compostela.

Pero no solo vino le ha aportado Burdeos al mundo. También dos grandes referentes de la filosofía han nacido en esta ciudad: Montaigne, que publicó sus “Ensayos” en 1580 y fue alcalde de la ciudad de 1581 a 1585 y el Barón de Montesquieu, gran señor terrateniente (de viñedos), filósofo en sus ratos libres cuando la viña se lo permitía, redactó “El espíritu de las leyes” y se consagró como uno de los grandes filósofos contractualistas.

Ciudad de arte, de cultura y de historia, Burdeos conserva un excepcional patrimonio arquitectónico del siglo XVIII, una decena de museos (entre ellos el museo de Aquitana, el museo de Bellas Artes, el Museo de las Artes Decorativas, y el Capc Museo de Arte Contemporáneo y varios museos privados, dos de ellos consagrados al vino). Los barrios del Viejo Burdeos, Saint Pierre, Saint Michel, Sainte Croix, Sainte Eulalie, Saint Eloi son los más pintorescos, cada uno rico de sus particularidades patrimoniales y de su historia, en uno de los más amplios conjuntos arquitectónicos de los siglos XVIII y XIX que se mantienen en pie en el territorio francés.

Desde el 28 de junio de 2007, Burdeos es considerada patrimonio mundial de la UNESCO. Esta distinción es el reconocimiento al valor y la unidad patrimonial de la ciudad, que se ha modernizado con el paso de los siglos sin perder su armonía y su riqueza arquitectónica.

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Recorriendo un poco la ciudad…

Una buena forma de recorrer la ciudad es en barco dado que desde todo el trayecto se tienen buenas vistas de la ciudad ya que el río Garona atraviesa Burdeos haciendo una leve curva en forma de media luna (quizá por eso a su puero lo llaman el “puerto de la media luna”). En invierno, el viajecito en barco quedó descartado por las condiciones climáticas, por lo cual mi recorrido fue a pie. La parte más interesante para pasear por la costanera del Garona es la zona comprendida entre la “Porte de Boulogne”- en el sur de la ciudad- y el centro comercial de “Quais des Marques”, en el norte. Son aproximadamente unos dos kilómetros y medio de paseo peatonal rodeados de jardines, flores y ciclistas, circundados por el río Garona, a la derecha, y algunos de los edificios más representativos de Burdeos, a  la izquierda. Uno de los hitos en este paseo es la Place de la Bourse, una de las más representativas de la ciudad, con sus edificios de piedra, su fuente en el centro y abierta al río por uno de sus lados. Rodeando la plaza se encuentra el casco histórico de la ciudad pero si se sigue caminando por la margen del río se llega a la Esplanade des Quinconces, otra zona muy reconocida de la ciudad.

Quinconces tiene también un importante aspecto práctico como punto de referencia de Burdeos, ya que en la plaza y sus alrededores se ubican muchas paradas de los autobuses urbanos y tranvías y allí se encuentra también la Oficina de Turismo. Desde Quinconces hasta el norte, se prolonga el paseo peatonal a orillas del Garona hasta el Quai des Marques, un gigantesco centro comercial que se cosntruido en los antiguos embarcaderos ubicados en las orillas del río.

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La Esplanade des Quinconces sirve como límite norte a la parte más tradicional del centro histórico y, junto a ella, aparecen una serie de calles amplias, avenidas y edificios señoriales conocidas como el Quartier des Grands Hommes, una zona que muestra los estilos arquitectónicos y urbanísticos de los años de la Revolución Francesa. Resulta muy bonito callejear un poco por estas grandes avenidas.  El Vieux Bordeaux (el Antiguo Burdeos) está situado un poco más al sur al sur, y en él nos vamos a encontrar una imagen muy diferente a la del Quartier des Grandes Hommes, con callejuelas pequeñas, oscuras y en algunos casos con edificios antiguos o en un mal estado de conservación. Los puntos que se destacan en esta zona para visitar son la Catedral de St. André con el Ayuntamiento (el Hotel de Ville)  las plazas del Parlamento o de Saint Julien o la Torre de la Campana (Grosse Cloche), con la que topamos casi sin esperárnoslo, empotrada entre callejuelas, junto a la Iglesia de St Eloi.

Paseando por Bordeux me despedía de Francia por esta vez, o mejor dicho, por un rato. Un lindo atardecer en un frío día de invierno, un café calentito en un barcito con vista al Garone y mucho para leer y otro tanto para escribir. Viajando se aprende mucho y resulta necesario sentarse para incorporar todo lo vivido en días como estos. Un poco de lectura, un croissant y a descansar mientras terminaba otro día de viaje por Europa.

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Si quieren seguir leyendo sobre este viaje por Europa pueden visitar las siguientes entradas:

– Para recorrer algo de Alemania… ALEMANIA

– Para conocer Holanda… HOLANDA

-Para seguir viajando por Bélgica…  BELGICA

– Para seguir viajando por Francia… FRANCIA

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