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[De viaje por EUROPA] // La más linda de Europa, Praga (República Checa)

[Del archivo viajero… porque primero empecé a viajar y luego a bloguear, los cuadernos de viaje se transforman ahora en nuevos post mientras este viajero espera volver a recorrer el mundo]

El viaje por Europa me tenía a los trotes. Casi era una carrera contra el reloj. Me quedaba mucho por ver y pocos días de viaje. A las 05:30 sonó el despertador, me asomé por la ventana del hostel de Viena y no paraba de caer nieve. Era de noche todavía. Me tenía que levantar o perdería el tren… y si pierdo el tren? (pensé para mis adentros), qué más iba a ver? Europa ya me había mostrado tanto… y el viaje seguía. Había mucho por ver aún…

El viaje a Praga desde Viena dura unas 5 horas. El tren salió puntualmente a las 06:58  y llegó exactamente a las 11:29 tal como lo anunciaba el boleto. Realmente algo impecable. Una sincronización perfecta en cada estación, los tiempos perfectamente estipulados, todo organizado para que nadie pierda ni un segundo.

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Es increíble cómo cambia el paisaje al cruzar las fronteras, el cruce desde Austria a la República Checa es realmente majestuoso. De repente las montañas desaparecieron, la nieve se esfumó como por arte de magia y apareció un paisaje gris, sombrío. Cuando llegamos a la estación de Praga, no había nieve alrededor, pero hacía mucho frío. La terminal “Hesolvice” en las afueras de Praga sería mi puerta de ingreso a lo que alguna vez fue “el este europeo”. Digo que alguna vez fue porque a los pocos metros de caminar por la enorme estación de tren ya me estaba dando cuenta cómo occidente estaba ganando la batalla. Dos locales me permitían llegar a esa conclusión, uno con un cartel raro, escrito en checo, pero con un payaso sonriente debate. Mc Donalds había desembarcado en Praga y frente a él, con sus típicas letras: Starbucks. Esto evidentemente ya no era el este, ya no estaba el muro y Praga era un hervidero de turistas occidentales. Lo bueno es que aún tenía algunos precios baratos… el hostel donde había reservado, austero por cierto, estaba 8 dólares la noche. Me fui en metro hacia allá.

El hostel Traveller, donde me quedé el puñado de días que estuve en Praga estaba ubicado a unas 10 cuadras del Metro C pero resultaba muy fácil llegar: sólo había que seguir las vías del tranvía (el TRAM). El Traveller más que un hostel podría decir que era una austera pensión, con instalaciones básicas pero bien ubicada. Lo más gracioso es que justo al lado había un restaurante / parrilla argentino y cuando llegué estaba humeando un olor a asadito irresistible. El precio, occidental por cierto, me hizo desistir de la tentación. Mejor dejar esos sabores para la vuelta a casa, al fin y al cabo no faltaba tanto. De cualquier modo, digamos que no me lancé sobre los sabores de oriente y me fui a comer a un KFC, que ofrecía pollo abundante por unas pocas coronas checas.

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Qué hay para ver en Praga?

Mi recorrido por Praga comenzó por la zona llamada “Stare mensto” (la Ciudad Antigua). Solo ver la puerta de ingreso a este sector de la ciudad resulta impactante. La arquitectura es totalmente distinta a la que venía viendo, las formas son otras, los colores también, supongo que los materiales. Todo en Praga se veía distinto. La entrada a la Ciudad Antigua está conformada por un portal antiquísimo con una torre, la puerta Pauler, que anticipa la larga historia de Praga.

La historia de Praga es realmente larga. Su origen se ubica en los tiempos de los celtas, que le dan el nombre de “Boiohaenum” al asentamiento que fundan en la zona. Ese nombre luego deriva en “bohemia”, nombre con el que se conoce hoy la región. Luego llegaron a esta zona los romanos y esto tuvo un alto impacto en su urbanización inicial. En el 950 pasó a ser parte del Sacro Imperio Romano. Y recién en el 1061 esta ciudad en pleno crecimiento  se convirtió en residencia de los duques de Bohemia, y Wenceslao I construyó en aquel momento lo que hoy se conoce como la Ciudad Vieja. Comenzaron luego enfrentamientos entre grupos étnicos y se construyó otra parte de la ciudad, llamada “Mala Strana” (ciudad pequeña), solo para alemanes. Con Carlos IV de Alemania y I de Bohemia, Praga se convirtió en la capital del Sacro Imperio Romano. Fueron tempos de mucho crecimiento para la ciudad en cuanto a su población y a su poder político. Posteriormente en el 1525 cuando Fernando I fue elegido Rey de Bohemia, la historia de Praga comenzaría a estar ligada a Austria y a la casa de los Habsburgo hasta 1918 cuando, con el desenlace de la Primer Guerra Mundial, se convirtió en un país Independiente.

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Uno de los primeros lugares que fui a conocer de esta ciudad que ya me había cautivado fue la Plaza Malostranské nám, la Plaza Central, donde resaltan las dos enormes torres de la Iglesia de San Nicolás y la torre del Viejo Reloj Astronómico, un verdadero símbolo de la ciudad. Un detalle: Su función no era dar la hora, sino representar las órbitas del Sol y de la Luna. Las enormes estatuas de los apóstoles y la cúpula del reloj, decorado con esqueletos  son realmente majestuosos. En la plaza también se alza la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, una iglesia del siglo XV, con estilo gótico y dos enormes torres oscuras de más de 80 metros de alto que se ven desde cada rincón de Praga. Finalmente, en el centro de la plaza hay una estatua a Jan Hus, erigido en 1915 en el 500 aniversario de la reforma religiosa. Jan Hus fue un teólogo y filósofo checo y uno de los precursores de la Reforma Protestante; y sus seguidores se conocen como husitas.

Un poco más allá de la plaza central, caminando por la calle Celetna, se llega al Palacio Municipal de Praga, un edificio bellísimo, construido con estilo art noveau con pinturas de los más prestigiosos artistas checos.

Caminado un poco más se llega al Puente Charles, otro de los símbolos de Praga, que atraviesa el Río Vltava. Este puente fue construido en el año 1357 y tiene en sus laterales unas 30 estatuas que datan del siglo XVIII. Por aquí cerca está el Museo de Franz Kafka pero la verdad es que no fui a conocerlo y seguí mi caminata por la ciudad.

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Llegué al barrio nuevo, llamado “Nové Mesto”, que es nuevo solo en relación con el barrio viejo que es, por supuesto, más viejo. El barrio nuevo fue construido en el 1300 y sobresale entre sus hitos para visitar la estatua de San Wenceslao, en la plaza homónima. Esta plaza actualmente está rodeada de los grandes hoteles y restaurantes.  En 1989 esta plaza fue el escenario de una manifestación contra la brutalidad policial que fue mucho más allá e inició la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo.  Por ello, cerca de allí se ubica el Monumento a las Víctimas del Comunismo, con una particular referencia a Jan Palach y Jan Zajic. Ambos son héroes nacionales hoy ya que cuando eran estudiantes se opusieron a la ocupación soviética de su país y se suicidaron, prendiéndose fuego. La arquitectura de las construcciones monumentales que rodean esta plaza es realmente notable, con rasgos típicos de la arquitectura desarrollada por regímenes comunistas. Mientras caminaba por allí me daba la impresión de que los edificios estaban “enojados”, serios, con rasgos duros, cadenas, hierro, referencias a soldados, cañones, obreros. La arquitectura de esta parte de la ciudad está cargada con toda la simbología del pasado reciente de Praga.

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Volví al puente, me quedé un buen rato deambulando por ahí. Hacía mucho frío y había empezado a anochecer. Recorrí fotografiando el barrio judío (Josefov), con un estilo de construcciones totalmente diferentes, entre las que se destacan las sinagogas y un antiquísimo cementerio. Con la noche cayendo sobre Praga, el barrio judío lucía con un aire de nostalgia importante. La sinagoga Pinkas es una de las más famosas de Praga y en sus paredes están tallados los nombres de los 77.297 judíos checoslovacos asesinados por los nazis.

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 Volví a la Plaza Central, aproveché para sacar unas fotos más y me tomé un Svarak, una típica bebida cheque que es nada más y nada menos que vino caliente. Se vende en puestitos al paso, en la calle y si uno quiere le puede agregar vodka o ron. Es fuerte, pero en las frías noches del invierno checo, viene más que bien. De casualidad, porque no se puede explicar de otro modo, conocí a un compatriota de Bella Vista que andaba por estas tierras estudiando alemán dado que trabajaba en una cátedra de Psicología que estaba traduciendo unas obras inéditas de Freud. Nos quedamos charlando largo rato, tomando mate en el pasillo del hostel mientras sentíamos el humito del asado de la parrilla argentina que estaba al lado. Pero no nos tentamos, comimos comida checa. Si uno anda de viaje, es bueno probar otras tradiciones gastronómicas. Eso sí, la posibilidad de un choripán tan cerca era una tentación fuerte a esta premisa viajera, la más difícil de resistir!

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Si quieren seguir leyendo sobre este viaje por Europa pueden visitar las siguientes entradas:

– Para recorrer algo de Alemania… ALEMANIA

– Para conocer Holanda… HOLANDA

-Para seguir viajando por Bélgica…  BELGICA

– Para seguir viajando por Francia… FRANCIA

– Para seguir viajando por España… ESPAÑA

– Para seguir viajando por ITALIA… ITALIA

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