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De viaje por el Amazonas en un carguero: de Yurimaguas a Iquitos

El viaje desde Yurimaguas a Iquitos navegando por tres días la Amazonia en un barco carguero lo ubico en el top 3 de mis experiencias viajeras acumuladas en esta vida. Mucha mito alrededor de este viaje que se va transmitiendo de viajero en viajero,  pero nunca el mito llega a ser tan bizarro como la realidad. Es una experiencia que hay que vivir. Y que hay que disfrutar. Porque si uno empieza este viaje es para vivir la aventura. Aquí no se viene en busca de confort o de comodidad, no hay que venir apurado ni con muy cargado. Es un viaje que va lento, al ritmo de las aguas que van fluyendo en medio del verde interminable. El que está apurado, el que quiere estar conectado, el que necesita electricidad y tecnología para sobrevivir, mejor que lo haga. Es un viaje donde se disfrutan de los silencios, donde se hacen amigos, donde las horas pasan sin más, mientras el barco se desliza casi imperceptiblemente por el río. Son tres días para pensar, para leer, para disfrutar del paisaje. Y eso ya es mucho!

La partida desde el puerto de Yurimaguas.

Nadie sabe a qué hora parte el barco. La información es confusa. El puerto andrajoso de Yurimaguas es un verdadero caos. El barco está amarrado a unos postes y se han improvisados unos puentes de madera para subir. Mientras las pasajeros hacen equilibrio con sus bolsos para subir al barco, pasan zumbando al lado suyo los peones que están cargando la mercadería que viaja en la bodega.

Alrededor del improvisado amarradero se han instalado algunos puestos que venden lo indispensable para el viaje que se está por iniciar. Se venden botellas de agua sobrevaluadas, golosinas, sopas en bolsa, pescado cocido, bowls plásticos y hamacas. Los bowls son imprescindibles para que te puedan servir la comida que se cocina tanto al mediodía como en el anochecer en el barco. No te proveen de platos, vasos ni cubiertos, solo la comida. Uno tiene que tener donde ponerla (excepto para los que viajan en camarote porque ahí sí te dan la comida en un recipiente y te la llevan cuando está lista). La venta de recipientes plásticos en momentos previos a la partida del barco es todo un éxito. Y también la venta de hamacas. En el barco se duerme en hamaca y cada uno debe traer la suya y buscar el lugar que crea conveniente para atarla.

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Cuando llegamos alrededor de las dos de la tarde al puerto, la zona es un verdadero revuelo de gente. Decenas de peones sube la carga al barco que parece tener bodegas infinitas. Por lo que me contaron subieron unos 2000 pollos, 200 chanchos, 20 heladeras, 10 motos, 3 mototaxis, cocinas y decenas y decenas de paquetes. Por otra parte, los pasajeros que van llegando comienzan a amontonarse. Luego buscar un lugar para la hamaca también es una osadía. Supuestamente el barco tiene una capacidad (y salvavidas) para 250 pasajeros pero este viaje es el último del barco antes de navidad (de hecho estaremos llegando a Iquitos el 24 de diciembre) por lo cual hay decenas y decenas de personas que llegan y se suben al barco. No hay ningún tipo de control de la cantidad de gente que se transporta ni de las cosas que traen. Algunos llegan con paquetes, otros con un pollo vivo, incluso una señora trajo un cerdito. Las cenas navideñas parece que viajan junto con sus comensales hasta destino.

Casi por instinto de supervivencia, los 8 extranjeros que estamos en el barco, nos encontramos mutuamente muy rápido y ocupamos un sector de cubierta. Dos chilenos, una pareja de argentinos, unos alemanes, 2 franceses y yo compartiríamos el viaje con 200? 300? 400? personas más.

Pasaban las horas y no paraban los peones de subir la carga. El barco estaba cada vez más bajo, con la cubierta a pocos centímetros del agua y llegaban más cajas, más heladeras y más gente. Muchos empezaron a protestar y a pedir al capitán que finalice la carga, pero nadie se hizo eco del pedido.

Supuestamente el barco partía a las 14, pero se hicieron las 15, las 16, las 17 y hasta las 18 y seguíamos allí amarrados. Finalmente, casi con el anochecer, empezó a sonar la chimenea y se levantaron los puentes de madera. Finalmente partimos. Muy lentamente el barco dio un giro y comenzó a navegar por el río Huallaga.

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La primera noche de navegación por el Amazonas.

Demoramos tanto en zarpar que cuando comenzamos a navegar se hizo de noche. Al comienzo las luces de Yurimaguas iluminaban un poco el río pero pronto se perdieron en la lejanía. Quedamos a merced de la luna y las estrellas que se encargaron de dar luz natural al paisaje mientras nuestro barco se deslizaba lentamente por el agua. Cada tanto el capitán prendía un potente foco con el que iluminaba su recorrido para ver qué elementos flotaban en el agua, por lo general eran enormes troncos que había que esquivar.

Alrededor de las siete de la tarde sonó un timbre y toda la gente que ocupaba los dos pisos con sus hamacas formó una larga fila para recibir su cena. Muy carcelario todo pero pintoresco a la vez. Ada uno se acercaba con su recipiente y recibía su ración y luego buscaba un lugar cómodo del barco para comer. Con una pareja de viajeros peruano/argentino nos acomodamos por el sector de los camarotes para comer y conversar largo rato. Aparecieron las bebidas espirituosas y la conversación se extendió hasta bien entrada la madrugada. Mientras tanto el barco avanzaba lentamente en medio de la oscuridad iluminado tímidamente por las estrellas.

La noche se hizo larga. La mayor parte de los pasajeros se fueron a dormir a sus hamacas alrededor de las nueve de la noche. Por supuesto que a esa hora nosotros ni habíamos cenado. El sector de las hamacas era un caos por lo cual sabíamos que no íbamos a descansar mucho. Había varias decenas de personas apiñadas en cada espacio del barco. Las hamacas ya estaban puestas en dos pisos, y en algunas partes, en tres. Además, todo el equipaje de toda esa gente. Y las mascotas, porque varios habían venido con su perrito o su gatito… incluso una nena tenía una pequeña tortuga atada a su valija.

Dormir fue una proeza. A la madrugada ya los pollos comenzaron a cantar y con las primeras luces del día, todo el mundo se empezó a despertar.

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Navegando hasta Laguna

La mañana transcurrió con el barco zigzagueando entre las orillas y parando cada vez que alguien necesitaba bajar o desde tierra, le hacían señas para que se acerque. Avanzábamos pero muy despacio.

Eran alrededor de las ocho de la mañana cuando sonó el timbre de la cocina para que todos los pasajeros se acerquen a buscar su desayuno: un tazón de leche o de avena. Yo particularmente aproveché la mañana para leer y escribir bastante, también estuve charlando con mis vecinos de hamaca y con otros viajeros que había conocido el día anterior.

Mientras el barco avanza, la orilla del rio permanece cubierta de selva. Cada tanto aparecen algunos claros donde se ha desmalezado un poco y se han instalado un punado de casas. A veces alguno de sus pobladores hace señas para que el barco se acerque y manda paquetes a otro caserío ubicado un poco más adelante. Todo transcurre lento al ritmo del barco.

Pasa el mediodía, llega la hora de la siesta y la gente vuelve a sus hamacas. De los costados del barco se despliegan unas lonas para protegernos del sol que pega fuerte en medio del río. Con algunos viajeros jugamos a las cartas y tratamos de disfrutar del pasaje. Mientras el barco avanza, los afluentes del río principal se suceden unos a otros, aparecen algunas islas y mucha madera flotando en el río. Es evidente que el desmonte  en la zona está haciendo estragos.

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En ambas márgenes del río, la selva parece no tener fin. Las palmeras y el follaje cubren casi todo. Cada tanto se escuchan algunas aves  pero no mucho más. Igualmente, el río es muy ancho, creo que debe tener dos kilómetros de orilla a orilla por lo cual en algunos sectores estamos muy lejos como para ver algo. A veces, cuando hay curvas, nos acercamos un poco más y la selva se puede apreciar en toda su dimensión. Las palmeras son altísimas y los árboles cubiertos de lianas también aunque desde lejos no se note.

Llegamos a Lagunas antes del anochecer. Es el primer poblado relativamente grande por el que pasamos. Al amarrar, hay varias decenas de vendedores esperando subir al barco a vender sus productos. Pan casero, pescado cocido o frito, fruta, sándwiches, pan dulce, lo que sea… suben decenas de personas que venden casi toda su mercadería a este público cautivo mientras unos delfines de río se acercan al barco que ha apagado sus motores. Es hermoso verlos, aunque me da mucha bronca que la gente tire comida con bolsas al agua. Por cierto, a partir de lagunas el agua cambia de color. En realidad lo que sucede es que cambiamos de río.

Cae la noche y el silencio gana terreno en el barco. Con mis amigos viajeros nos ubicamos en la popa para tomar un poco de fernet con coca y comer algunas cosas ricas. Todos estamos bien cargados de provisiones por lo cual, de hambre, aquí no moriremos. Llueve durante toda la noche por lo cual, esta segunda noche se descansa mucho mejor.

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Vivir navegando y otros placeres de la vida. Hasta Nauta

El tercer día de viaje ya todo es más sencillo. Conocemos los tiempos del barco, los horarios de la comida, le cuidamos los hijos a los vecinos mientras los padres se bañan. Se ha formado una gran comunidad.

Es un día muy soleado por lo cual con varios viajeros instalamos nuestras hamacas en la terraza del barco donde está solo la cabina del capitán. El día pasa entre mates y pan dulce, lecturas, charlas y naipes. Cada tanto, cuando el barco se acerca a alguna de las orillas, aprovechamos a sacar fotos porque la vegetación en la selva nos sigue deslumbrando.

Luego del mediodía llegamos a Nauta y allí la mayor parte de la población baja. Esto se debe es que desde Nauta a Iquitos se puede ir por carretera y es mucho más rápido. Para los que seguimos navegando, nos quedan unas 12 horas de viaje. Para los que optan por la carretera son unos trescientos kilómetros que se hacen en pocas horas.

Nosotros bajamos en Nauta pero para caminar un poco por su costanera y recorrer algo de la ciudad mientras descargan el barco. Nos avisan que por lo menos estará dos horas parado allí. Vamos caminando hasta la plaza principal de esta pequeña ciudad en medio de la selva, comemos  unos sabrosos pescados asados y aprovechamos que encontramos un bar para pedirnos una cerveza fría. En Nauta casi todas las calles son de tierra pero bares no faltan. La cultura etílica aquí está más  desarrollada que cualquier otra cosa.

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De Madrugada, en Iquitos

Alrededor de las cuatro de la tarde partimos desde Nauta con destino a Iquitos. Aquí comenzamos a navegar el auténtico río Amazonas de verdad. El color del agua cambia y a medida que avanzamos el río se hace más ancho. Llega a tener unos cuatro kilómetros de orilla a orilla (y en Manaos llega a los nueve kilómetros de ancho). Es realmente inconmensurable. Resulta imposible tomar dimensión de la cantidad de agua que corre cada segundo. Aparecen nuevamente algunos delfines y el cielo nos regala una puesta de sol inolvidable.

Con el caer de la noche sabemos que el viaje se está acabando pero nuevamente la información es confusa y nadie sabe en realidad cuanto tardaremos en llegar a Iquitos. Somos pocos los que quedamos en el barco, que ya está limpio y a nuestra entera disposición. Aprovechamos para acostarnos en los camarotes que ahora están vacíos, limpios y abiertos.

Finalmente pasada la medianoche, las luces de Iquitos empiezan a brillar en el horizonte. Primero aparecen unos puntitos titilantes y poco a poco la ciudad va tomando su envergadura. Iquitos es enorme y brilla en medio de la noche en la selva.

Alrededor de las dos de la mañana finalmente llegamos a Iquitos luego de tres días completos de viaje. Estamos cansados. Pero la ciudad es peligrosa y sobre todo la zona del puerto si nadie te está esperando. Muchos deciden quedarse en el barco hasta que amanezca. Durante toda la noche el barco permanecerá amarrado en el puerto para que lo descarguen. Y a la mañana siguiente comenzará nuevamente la carga, que como sabemos, lleva muchas horas.

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18 Responses to De viaje por el Amazonas en un carguero: de Yurimaguas a Iquitos

  1. ISABEL HERNÁNDEZ TIBAU 09/06/2016 at 23:11 #

    Hacía días que quería leer este viaje y no me alcanzaba el tiempo… esta noche por fin decidí seguir un poco más y leer por fin tu relato. Fantástico!!! Espero que con todo esto que nos cuentas, harás un precioso libro que podamos tener a mano y disfrutarlo con calma … . Los lugares, tan desconocidos( al menos para mí) son increíbles, las costumbres, la forma tan especial en que transcurre la vida… en fin, tus relatos excelentes como siempre, me encantan!!! Te pido que si demoro a veces en comentarte no pienses que te “abandoné”.!!! sólo lucho con la falta de tiempo, pero te sigo.desde el principio. Ahora te dejo porque el sueño me vence y no sabré ni lo que escribo.Gracias mil por esta riqueza de conocimientos que nos acercas. Un abrazo y cuídate!!!

    • polviajero 09/06/2016 at 23:21 #

      Hola Isabel! muchas muchas gracias por escribir. Es difícil muchas veces hacerse el tiempo para leer y mucho más para comentar! muchas gracias por tu mensaje. Hermoso! Se vienen varios artículos sobre los días en la selva, espero que te gusten! UN ABRAZO ENORME!!!!

  2. Claudia Fogo 09/06/2016 at 17:03 #

    Las fotos sea de la selva, de las aguas, de los poblados, van dándonos una idea de la envergadura fantástica de tu viaje amazónico. Esperamos tus próximas narraciones sobre la selva, Iquitos y el interior de la embarcación con baños incluído… Me dan ganas de atravesar esta experiencia acuática-selvática por lo que decís en la introducción de tu relato, gozar de ese tiempo tranqui, lento, sin conexión con la urgencia o las comodidades habituales. Buen viaje y amorabrazo!

    • polviajero 09/06/2016 at 18:08 #

      Jajajaj el barco es en sí misma una experiencia casi tan intensa como la vida en la Sselva!!! gran gran aventura!!! ya se viene!! abrazooo

  3. María Alfaro Mosca 09/05/2016 at 23:04 #

    Qué hermosa y constructiva experiencia! Hace unos cuantos años viví unos días en la selva (no se olvida). Ojalá puedas cumplir con todos tus proyectos. Adelante!!

    • polviajero 09/05/2016 at 23:22 #

      Hola María! se vienen algunos post sobre la selva porque luego del viaje en barco me quedé varios días explorando la zona de Iquitos. Impresionante la vida como brota desde cada rincón de la selva! fueron días únicos!

  4. danielaleroy22 09/05/2016 at 20:10 #

    No…siempre le erro..mi viaje seria desde Porto velho a Manaos.Iba a estar complicado..eh! Abrazo!

    • polviajero 09/05/2016 at 22:27 #

      Jajajaja igual todos los trayectos son increibles! yo no llegué a Manaos, fui hasta Iquitos y desde ahí para Ecuador pero por lo que me han contado los viajeros, es impresionante ese trayecto tambien! gran gran aventura se te viene!

  5. danielaleroy22 09/05/2016 at 19:33 #

    Hola!! recien hoy vi el post en facebook. Me lo devoré!..porque tengo en mente un viaje asi pero por el rio Madeiras, desde Belo Horizonte hasta Manaos…voy engullando toda info posible sobre estos viajes en barcos ,durmiendo en hamacas y comiendo 3-4 dias lo mismo, sin higiene…pero taan diferente a lo conocido!al menos para mi. Todo un desafio!!Gracias! espero mas!
    Beso!

    • polviajero 09/05/2016 at 20:10 #

      Hola Dani! Es una gran gran experiencia… en los próximos post que voy a publicar se viene info sobre estos barcos y sobre los pueblos en los que para. Hay que preparar toooodos los sentidos eh!!! el camino hacia Manaos es impresionante!

  6. Graciela 09/05/2016 at 17:20 #

    Hola!!! Que lindo viaje. Que aventura maravillosa. Excelente relato y crecimiento interior. Me alegro por vos! Gracias por dejarnos compartirlo!! Saludos. Grace.

    • polviajero 09/05/2016 at 19:11 #

      Gracias Graciela! fue una gran aventura! queda mucho por contar todavía… un abrazo!

  7. Enrique Marín (@henrichverdad) 09/05/2016 at 15:33 #

    Hola, gran reseña, oye, y si no es indiscreción, ¿que tal los baños en el barco? Debe haber sido una gran aventura también, ja.

    • polviajero 09/05/2016 at 15:55 #

      Buenas… mirá, el próximo post será sobre el barco y sus instalaciones pero te adelanto que era tan mala la expectativa sobre los baños que no fue tan terrible. Descubrimos que lo mejor era empezar a hacer la fila justo cuando los cierran para limpiar… así los encontrábamos impecables… bue… impecables nivel amazonas!!!

  8. Marchu 09/04/2016 at 21:05 #

    Alucinante todo tu viaje por ese barco!!! Estoy casi sin palabras de lo pintoresco y novedoso que es este recorrido para mi, que gran aventurero que sos. No creo que tomaría ese barco, pero reconozco que fue una gran experiencia!! Además esos poblados a la vera del Río, que interesantes. Ni Me imagino lo que habrán sido los sanitarios!!! Cariños y espero con gusto más de este viaje !!🙋

    • polviajero 09/04/2016 at 23:33 #

      Hola Marchu!! gran gran viaje… se vienen unos post sobre el barco y los pueblitos por donde va parando… toda una aventura…. y si… las duchas, en fin.. uno las imagina tan terribles que no terminan siendo tanta catástrofe jejejeje saludos y buena semana.

  9. Noelia 09/04/2016 at 14:50 #

    wow, suena a experiencia muy intensa (a la que probablemente yo no me animaría, dicho sea de paso). Que bueno tener la posibilidad de conocer muchas cosas y lugares por intermedio de tu blog =)
    Espero que estés teniendo un muy buen finde y avanzando con la tesis =) beso!

    • polviajero 09/04/2016 at 14:59 #

      BUenas! sí, la verdad que es una experiencia muuuuuy intensa y no se si es para cualquiera… o mejor dicho, es para el que se anime pero es bueno saber de antemano como va a ser la cosa… un abrazo Noe!

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