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Copiapó, el desierto de las camionetas rojas

Copiapó no suele incluirse en el típico itinerario turístico de Chile. Se trata de una ciudad ubicada a la entrada del desierto de Atacama, sumamente árida y lamentablemente, más famosa por tragedias que por sus riquezas naturales. Llegar a una ciudad así es un desafío que, por supuesto, tiene su recompensa. A veces (o podría decir “siempre”) salirse de las rutas pre-establecidas para el turismo nos permite conocer lugares auténticos, sin maquillaje, sin circo y que luego, nos dejan el privilegio de haber estado en un lugar al que no tantos llegan.

Llegamos a Copiapó con algo de esto en mente. Sabíamos que no sería un lugar que rebalsaría de cosas para hacer y que no nos estaríamos chocando con viajeros en cada esquina. Llegamos a esta ciudad en principio para visitar algunas escuelas secundarias en función del trabajo que estoy realizando para mi tesis de doctorado. Esa era, digamos, la excusa para llegar a este rincón de Chile. Debo reconocer que, más allá de estos preconceptos, fue un lugar que disfrutamos.

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Llegamos desde Santiago de Chile en autobús, en un viaje que duró toda la noche.  Ya nos desorientó un poco el hecho de llegar y que no haya una terminal de autobuses. Cada empresa tiene su propio parador (esto es bastante común en muchos países de Latinoamérica) y la empresa con la que habíamos viajado era tan pequeña que ni tenía parador.

Apenas amaneció el paisaje ya nos sorprendía. Aparecieron los cerros, áridos, un lecho de río bastante seco, y  mucha mucha tierra. Si me mostrasen una foto de este lugar, no dudaría en confundirlo con algún paraje de Jujuy. Es cierto que la cordillera nos separa y que hay una frontera internacional en el medio, pero ni la cordillera ni el límite arbitrario y formal establecido por los Estados son suficientes para opacar las similitudes del entorno natural de Copiapó y Jujuy.

El cielo celeste intenso, los cerros de cimas redondeadas y casi sin vegetación, el polvillo omnipresente en cada centímetro cuadrado de superficie le dan a Copiapó su impronta distintiva. El centro histórico de la ciudad está conformado por callecitas repletas de casas bajas, coloridas, con techos de chapa o madera. La plaza central tiene la exclusividad de la sombra, junto con la alameda. El resto de las calles no tienen casi vegetación y el sol pega fuerte.

Se nota que la ciudad ha crecido últimamente con la formación de barrios que se ubican en la ladera de los cerros. El centro histórico queda encajonado entre cerros que lo rodean y los barrios nuevos se expanden hacia los laterales, con calles zigzagueantes y empinadas. Desde allí, la vista es fabulosa. Se ve la ciudad en su totalidad casi como un oasis entre tanto cerro árido.

La plaza Arturo Prat, plaza más importante de la ciudad y centro de la vida social, merece un párrafo aparte. Aquí el sol abrazador desaparece ante el escudo de sombra que conforman los álamos de antaño que pueblan la plaza. Decenas de personas descansan a la sombra, mientras un grupo de gitanas trata de conseguir clientes para adivinarle la suerte. Alrededor de la plaza hay oficinas públicas, la municipalidad, obviamente la tradicional iglesia y algún que otro restaurante y locales de comida al paso. En estas cuadras la vida social se hace intensa, decenas  de personas van y vienen y un par de calles más allá parecen desvanecerse.

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Otro elemento distintivo de la ciudad son las camionetas rojas. Sí, no me equivoqué al escribir: Copiapó está hiperpoblado de camionetas rojas. Su presencia se debe a que son el medio de locomoción que las minas entregan a sus empleados. Al observar la cantidad de camionetas rojas que pasan por las calles del centro de Copiapó, no quedan dudas de la importancia que la minería tiene para la ciudad y la región.

Sobre la minería en Copiapó

A mediados del siglo XIX, Copiapó llegó a convertirse en la capital minera de Chile, a partir de  la extracción de plata en las minas de Chañarcillo y Tres Puntas. La minería trajo progreso a esta región del país y un rápido crecimiento de la ciudad de Copiapó, empujado además por la llegada del ferrocarril para llevar los minerales hasta el puerto. Pero, las minas tienen un ciclo y se agotan. A fines del siglo XIX ya se había agotado la plata del interior de las venas de Chañarcillo y Tres puntas y la ciudad comenzó su período de decadencia. No obstante, a mediados del siglo XX, con el establecimiento de la Fundición Paipote y la renovación de la pequeña minería, de cobre, se reactivó la economía y Copiapó entró en un proceso de crecimiento, pero que ha desatado ineludibles controversias. Los pobladores tuvieron que movilizarse varias veces en protesta por el impacto de la actividad minera en el ecosistema y en su propia salud. El humo que emanan las fundiciones cubre los cerros  y la ciudad y la contaminación es evidente. Las autoridades gubernamentales iniciaron un plan de descontaminación, pero nunca fue suficiente.  La alarma se encendió en 2011 cuando en menos de dos semanas se registraron dos episodios críticos de contaminación en la zona, afectando a 14 mil estudiantes. Las emisiones obligaron a suspender las clases y todas las actividades sociales al aire libre.

Últimamente llegaron a la zona nuevas empresas mineras- Punta del Cobre, Carola, Atacama Kozan, Candelaria y Ojos del Salado, son solo algunos de los nombres de las mineras que operan en torno a Copiapó. Todas ellas generan polución con cobre, plomo y zinc a diario. Pero la contaminación no es el único problema que estas empresas traen a la zona: también hay que hablar de pobreza y sequía.

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Las empresas mineras no compensan en empleo ni siquiera una pequeña parte del enorme daño que generan a la ciudadanía. Pese a ser Copiapó una comuna minera, la mayor parte de la mano de obra la generan pequeñas y medianas empresas y no las grandes compañías que obtienen millonarias utilidades por sus explotaciones en los cerros que rodean la ciudad. La gran minería ha alcanzado altos grados de sofisticación y por lo tanto requieren de mano de obra calificada que no se encuentra en la comuna y que traen de otras zonas (incluso del exterior). Los servicios prestados por los trabajadores locales son muy básicos y de bajos ingresos, pues no están capacitados.

Pero, como si esto fuera poco, cada proyecto minero utilizará en sus procesos productivos miles de litros por segundo de agua. Esto ha producido el agotamiento hídrico del Río Copiapó. Las napas están agotadas y esto tiene severas consecuencias para la agricultura, fuente de supervivencia para las familias que habitan el área rural del valle del Río Copiapó, que –por cierto- no son pocas.

Estamos bien en el refugio los 33.

Como resultado de un derrumbe en el interior de una mina en las afueras de Copiapó, 33 mineros quedaron atrapados por más de dos meses. Resistieron totalmente aislados durante los primeros 17 días racionando alimentos y agua, soportando el calor, el encierro y la incertidumbre. Por otro lado, fuera de la mina las autoridades movilizaron todos los esfuerzos para contactarlos. Se recurrió a los mejores expertos del país y se buscaron las más avanzadas técnicas sin que importara de dónde había que traerlas o cuánto costaría hacerlo. Durante los meses de incertidumbre no se descuidó a los familiares que acamparon fuera de la mina, y hasta se instaló una escuela provisoria para sus hijos. Una vez que una sonda contactó a los hombres atrapados, se movilizaron todos los esfuerzos, recurriendo al ingenio y a las tecnologías de punta, para velar por la salud física y psicológica de los hombres atrapados bajo la roca. Las “palomas” enviadas a través de la sonda llevaron alimentación balanceada, comunicación con los familiares, ropa especial para evitar enfermedades, medicamentos, entretenimientos, etcétera. Todo era incertidumbre hasta el día que comenzó el rescate que duró unas 48 horas. Dato de color: según Wikipedia fue el evento con mayor cobertura mediática con alrededor de 1000 a 1300 millones de telespectadores (sólo superado por el funeral de Michael Jackson en el 2009 y superando por más de 400 millones de telespectadores a la misión del Apolo XI a la Luna en 1969).

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12 Responses to Copiapó, el desierto de las camionetas rojas

  1. María Alfaro Mosca 11/22/2015 at 15:04 #

    Hola! Muy certeros tus comentarios, tu has viajado mucho y tenes el ojo adiestrado, pero seguramente te van a cachetear las realidades de nuestra América la pobre. Creo que no podrías realizar los propósitos de tu tesis sin adentrarte en los problemas sociales de los adolescentes de esas latitudes. Que tengas mucha suerte y te acompañe la sensibilidad. Mucha pantalla solar! Hasta pronto.

    • polviajero 11/22/2015 at 23:57 #

      Si, tal cual, la realidad social de América Latina es fuerte y sí, cachetea incluso al mas entrenado. Este es un viaje distinto, por eso me lleva por otros caminos… veremos que tal sigue! Saludos desde Potosí, Bolivia!

  2. Gonza 11/20/2015 at 21:28 #

    Inspirador. Lo de “Las empresas mineras no compensan en empleo ni siquiera una pequeña parte del enorme daño que generan a la ciudadanía” también refuerza las similitudes entre Chile y Argentina. Me recordó mi paso por La Rioja y Catamarca y las palabras de la gente respecto de la minería.
    Felicitaciones. Que siga igual de bien el viaje!

    • polviajero 11/20/2015 at 23:29 #

      Si, tal cual… la minería es un problema a nivel latinoamericano… llegan, vacían la tierra, enferman a la población y se llevan las ganancias… es muy injusto. Y verlo de cerca, peor! saludos Gonza!

  3. Diego 11/20/2015 at 20:54 #

    Hola Pol! que bueno el relato este. Me gusta como te vas involucrando con los temas sociales que afectan a los lugares que estás visitando. Leo tu blog desde hace mucho y la verdad que me gusta este giro que le estás dando. Abrazo y a seguir!

    • polviajero 11/20/2015 at 21:00 #

      Gracias Diego! que lindo tu mensaje! la verdad que sí, este viaje es distinto y quiero ir reflejándolo de a poco en las notas de blog… veremos que tal sale… pero bueno, es un cambio, bastante radical! saludos y gracias por leer y comentar!

  4. Llun Lin Lay 11/20/2015 at 20:27 #

    Hola:

    Bella plaza e iglesia !!! Me gustó mucho! Copiapó lo tenía incluído inicialmente en mis planes, pero quedé atrapada en los encantos de Caldera por varios días.
    Tal cual lo mencionas, Copiapó salió a ser conocida en el mundo por lo ocurrido en la mina San José donde afortunadamente todas las personas salieron vivas. Una película sobre lo sucedido fue recientemente estrenada. Así que es muy probable, que este lugar sea conocido y visitado por más personas.
    Copiapó tiene atractivos naturales en las cercanías. Nada mejor que dateado por la gente del lugar. Ya te mencioné uno, el desierto florido. Sólo se requiere de una bicicleta para recorrer los alrededores.

    Saludos y espero que no estés sufriendo con el mal de altura en Bolivia. Aunque debes estar aclimatado con el Norte de Chile Harto bloqueador solar!!!! Que si no, no te reconocen a tu regreso.

    Llun Lin Lay

    • polviajero 11/20/2015 at 20:50 #

      Al respecto de los mineros, es super interesante visitar el Museo Regional que está en Copiapó donde se explica el origen de la minería en la zona y específicamente la tragedia de los mineros… nunca imaginé que iba a ver y tocar la cápsula con la que se los rescató! más que bueno ese museo!!! Acabo de llegar a Potosí, con un poco de dolor de cabeza pero nada más por suerte… me cuesta acostumbrarme a la altura! saludos llun!

  5. Marchu 11/19/2015 at 23:51 #

    Muy interesante tus comentarios sobre el lugar!!! Te sigo por este periplo!!!!

    • polviajero 11/20/2015 at 20:38 #

      Gracias Marchu! gracias por estar siempre!!!! saludos desde Potosí! el viaje sigue rumbo norte!! como te fue en Europa??? nunca me contaste!!! saludoooooos

  6. Beatriz Arias Valenzuela 11/19/2015 at 18:54 #

    Super bien documentado Pablo !!Suerte y abrazos !!

    • polviajero 11/19/2015 at 20:18 #

      Gracias Beatriz! gracias por leer y comentar! es genial recibir la retroalimentación de los lectores. Anima mucho!!! saludos desde Bolivia ahora!

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