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[De viaje por INDIA] Amritsar…

El tren hacia Delhi salía a las cinco de la tarde por lo que a eso de las cuatro llegamos a la estación. En India todo hay que hacerlo con tiempo… esta vez nos tocaba viajar en AC2 tier en este primer tramo por lo que tendrías un poco más de comodidad que en el viaje anterior hacia Jaisalmer.

Más o menos media hora antes de que salga el tren pasa uno de los guardas pegando al lado de la puerta de cada vagón la lista de pasajeros que viaja en él y el número de asiento que le fue asignado. Eso sirve para chequear los datos que uno ya tiene impreso en el pasaje (además, básicamente sirve para subirse al vagón correcto dado que una vez que el tren arrancó no se puede pasar de un vagón a otro).

El tren no iba tan lleno, quedaban algunos lugares libres asi que aprovechamos para sentarnos juntos con Nacho… y otra gente obviamente ocupó nuestros lugares así que después los tuvimos que correr. El tren salió puntual, aproveché para escribir un rato y dormir también. En el tren reparten sábanas, almohadas y frazadas y los asientos se mueven para transformarse en cama por lo que se puede dormir muy bien.

Puse el despertador a las cinco de la manana dado que se suponía que el tren iba a llegar a Delhi a las cinco y media de la manana. Pero tardó un poco más. LLegamos a la estación final del tren a eso de las seis. Estábamos un poco preocupados porque debíamos tomar el tren siguiente a las siete y veinte y salía desde otra estación (New delhi)… salímos del tren y nos tomamos un taxi que nos castigó unas 700 rupias (13 dólares más o menos) y luego de media hora llegamos a la estación New Delhi… completamente de noche, la ciudad se veía horrible. Vacía, sucia, con neblina… mucha gente durmiendo en la calle también.

Nos bajamos del taxi y nos fuimos a buscar el anden desde donde salía el tren. Por suerte era el 1 así que no había mucho para caminar. Eso si, nos costó encontrar el vagón porque justo estaba en la parte opuesta de la plataforma. A eso de las siete llegó el tren y ya nos instalamos… esta vez, no eran coches camas sino asientos como de avión.

Aprovechamos para dormir un rato más dado que el viaje era largo. Igual nos despertaron a cada rato para darnos fragmentos de desayuno. Como viajábamos en primera clase, venía incluído el desayuno… primero trajeron el café, luego unos cornflakes, luego un omelette… en fin… en dos horas desayunamos.

Igual el viaje se hizo largo…  estimaba que llegaríamos a Amritsar a las doce del mediodía pero llegamos a las dos y media de la tarde. Entre una cosa y otra, llegamos al hotel a las tres y media en medio de una fuerte lluvia…

ANECDOTA DEL DIA: Llegamos a Amritsar y nos instalamos en un hotel llamado Cita Niwas que lo habíamos elegido por recomendación de Lonely Planet… la verdad que el lugar era espantoso… estaba la habitación sucia y todo lleno de humedad. Nos costaba 300 rupias a cada uno la noche (500 rupias son 10 dolares)… pagamos la noche pero la verdad que el lugar era espantoso… salimos a dar una vuelta y vimos que justo a la vuelta de nuestro hotel habia otro con wi-fi y agua caliente… dos condiciones fundamentales para una buena estadía. Decidimos cambiarnos. Ahora estábamos alojados en dos hoteles a la vez… en uno nuestras mochilas descansando en una habitación y en el otro, nosotros usando el wi-fi.

Amritsar tiene un gran atractivo para llegar a hacer el esfuerzo de viajar casi 24 horas hasta llegar: el templo de los sijs… el Golden temple. Los sijs (sikhs) habitan una región de la India conocida como Punjab, cuya mayor característica es que las relaciones sociales y políticas no se definen por las castas, sino por las familias, sus alianzas y el extremado valor que dan al honor.

El punjab occidental pasó a pertenecer a la república islámica del Pakistán en el año 1947 y, en el 1966 fue dividida la zona del Punjab indio para crear una provincia autónoma sij. En esta última viven la mayoría de los casi 20 millones de sijs actuales, tras una época de muchos conflictos. Muchos recordarán los problemas generados por radicales sijs, que culminaron con el ataque de Indira Gandhi (1984) al Templo Dorado –máximo centro religioso sij-. Cuatro meses después la primera ministra era asesinada por los miembros sijs de su propia guardia. Pero a pesar de los violentos actos liderados en algunos momentos de su historia, el pueblo sij se ha visto a lo largo de los siglos oprimido por hindúes, musulmanes, mongoles, e incluso británicos. Incluso su territorio ha llegado a ser el blanco de las pruebas nucleares (1998) que ocasionó fuertes embargos a Pakistán e India por someter a la zona a esta actividad. Hoy en día, según un informe del grupo de trabajo de la ONU, sobre desaparecidos, el Punjab es el lugar donde se producen más desapariciones en India.

El carácter sij y su naturaleza guerrera, en buena parte caballeresca, les otorga un halo de misterio que nos remonta a la Edad Media. Incluso en el cine han sido retratados como personajes enigmáticos. Baste recordar la oscarizada cinta “El paciente inglés”, donde Julette Binoche se enamora de un íntegro desactivador de explosivos con su característico turbante. De esta especial caballerosidad hablan también sus nombres. Los hombres sijs poseen un apellido común, Singh, que significa león. A su vez todas las mujeres se apellidan Kaur, que significa princesa. La religión de este grupo es clara y definida.

Creen en un solo dios, revelado a través de diez profetas o gurús. Su libro sagrado, que recoge estas enseñanzas se denomina Granth Sahib. El sijismo, fue creado, como corriente religiosa por el primer gurú Nanak (1469-1539), quien elaboró una nueva visión entremezclando hinduismo e islam. Por esta razón, practican algunas actividades comunes a la tradición hindú, como la cremación de los muertos. El gran gurú fue sucedido por otros nueve, con lo que el oficio se hizo hereditario.

Los sijs toman un papel muy activo en la sociedad. A partir de su “bautismo” los jóvenes ingresan en la Khalsa, su hermandad religiosa y militar. Es entonces cuando comienzan a observar las cinco “k”, que han hecho reconocibles a los sijs en cualquier parte del mundo. Se trata de cinco máximas:

– un sij no puede cortarse el pelo ni la barba (kes), como símbolo de santidad,
– ha de portar un puñal o espada para defender al débil (Kirpan),
– debe lucir un brazalete acero (kara) es el símbolo de la determinación,
– usa el peine (kanghaa) de madera  o márfil significa limpieza, y
– los pantalones cortos (kachchh) implican el estado permanente de alerta para la lucha.

En medio de la lluvia salimos igual a la noche para ver el Golden Temple. Realmente es impresionante. Para ingresar a él hay que quitarse zapatos y medias y cubrirse completamente el cabello. Además hay que mojar los pies en agua sagrada para que se laven. A pesar de la lluvia y el frio que sentía al caminar descalzo por el marmol con el que está construido el templo, disfruté mucho de esta magnífica obra de arte…

(aunque debo reconocer que caminar solo, de noche, con la lluvia, por ese templo me dio un poco de miedo. Los sijs me miraban fijo, la música con los rezos estaba muy fuerte… se crea un clima de mucho misticismo…

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