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[De viaje por INDIA] Agra

Un sueño cumplido… en el Taj Mahal 

La noche previa fue de mucha adrenalina dado que se venía uno de los platos fuertes del viaje. Toda India era interesante para visitar, es cierto. En varios de los lugares donde habíamos estado sacamos cientos de fotos, también es cierto. Pero recorrer el Taj Mahal ya se intuía como algo supremo. Y de hecho, lo fue.

Nos levantamos temprano. No tanto como habíamos hablado días antes dado que averiguamos que no tiene sentido ir demasiado temprano al Taj en esta época por la intensa neblina que hay que poco deja ver de este fabuloso monumento en el amanecer. Igualmente, a las ocho y media de la mañana ya estábamos listos para salir.

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Se suponía que nuestro hospedaje estaba ubicado a 700 metros de uno de los ingresos del Taj, supuestamente de la puerta oeste. Obviamente esto no era cierto. De hecho ningún hospedaje está ubicado a esa distancia porque hay un parque que rodea el ingreso (solo los hospedajes que están cerca de la puerta sur puede ser cierto que estén a 10 metros, 100 metros o lo que sea porque la puerta sur da directamente a la ciudad vieja. Tuvimos que caminar unos 2 kilómetros hasta llegar al ingreso al Taj si contamos desde que salimos del hotel hasta que llegamos a la boletería. No era lejos, sí… pero no fueron setecientos metros. Un dato: la entrada al Taj Mahal nos costó 750 rupias y otras 150 rupias fueron por el audioguía.

Un poco de la historia del Taj: resulta ser que Agra fue la sede de la corte mogol durante los siglos XVI y XVII, antes de que la capital se trasladara a Delhi. La ciudad, situada estratégicamente a orillas del río Yamuna, floreció bajo el mecenazgo de los emperadores Akbar, Jahangir y Shah Jahan. De hecho, el Taj Mahal, quizás uno de los edificios más conocidos y fotografiados del mundo fue construido por el gran emperador Shah Jahan en memoria de su esposa predilecta, Mumtaz Mahal,  que murió en 1631. Es, sin lugar a dudas, el más hermoso mausoleo… y su construcción costó 500 kilos de oro y 41 millones de rupias, con el trabajo de aproximadamente 20000 obreros durante 12 años.

Al ingresar por cualquiera de las simétricas e imponentes cuatro entradas que posee, se llega a un enorme jardín que conduce a una impresionante puerta principal que siempre permanece abierta. Al atravesar ese gran pórtico, aparece la inmaculada figura del Taj Mahal. Es realmente un instante mágico transitar ese pasillo hasta salir al jardín principal desde donde el Taj Mahal se ve completo y en su máximo esplendor.

Las miles de personas que visitan por día el Taj Mahal se sacan fotos una y otra vez desde esa primer galería. Y obviamente, yo también lo hice. A partir de allí se extiende un largo estanque y comienza el jardín que metafóricamente simboliza al paraíso según la tradición islámica. Sorprende su simetría… el sentido estético con el que está realizado es realmente maravilloso.

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Ir acercándose al Taj Mahal es ir sorprendiéndose, maravillándose… en fin, como vivir un sueño. Poco a poco se comienzan a percibir sus finísimos detalles. Desde lejos, parece que fuera una superficie lisa de mármol blanco. Pero a medida que la distancia de acorta, toda la decoración tallada en el mármol comienza a tomar mayor relevancia. Fuimos primero a ver las dos construcciones que se ubican una a cada lado del edificio principal: una solía ser una casa de huéspedes y otra, básicamente igual, es y era una mezquita.

Para ingresar al patio exterior elevado del Taj reparten unas bolsas para ponerse encima de los zapatos y no dejar rastros ni marcas en el mármol blanco. Resulta difícil explicar lo que se siente al estar frente a tan majestuoso monumento. No alcanzan los ojos para mirar tanta belleza (y el sol ayudó a que el Taj se luciera más con el contraste del celeste intenso del cielo).

La simetría del taj es perfecta. Está rodeado de cuatro miranetes de estilo mogol, cada uno de cuarenta metros de alto, coronado por un templete octogonal. Luego, el edificio principa posee una serie de arcos (denominados pishtaq) que dan profundidad a la estructura al tiempo que reflejan la luz cambiante dotando a la tumba de un aura mística. Además la entrada está enmarcada por unos paneles caligráficos que tienen transcriptos en mármol negro versos del Corán, con trazos que aumentan según se elevan en la altura para que parezca un escrito uniforme.

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Al ingresar al interior del Taj (donde en principio no se pueden sacar fotos pero bueno, cada vez que los guardias se dan vuelta se dispara un flash) se llega, luego de cruzar por unas galerías, a un espacio central que tiene una enorme reja circular de mármol tallada realmente preciosa dentro de la cual están los cenotafios de Mumtaz Mahal y a su lado el de Shah Jahan –dicen que iba a construir su propio cenotafio para él de mármol negro, del otro lado del río pero nunca se comprobó esta intensión.

Cada uno de los arcos que enmarcan las entradas al cenotafio está bellamente decorado con la técnica de “pietra dura”, importada desde Florencia por el emperador. Consiste en incrustar diminutas esquirlas de piedras preciosas y semipreciosas en mármol formando complejos y estilizados dibujos florales. Flores como el tulipán, la azucena, el lirio y el narciso fueron representados en ramilletes con y de diferentes matices de tonos. La generalización de motivos florales en el diseño del Taj tiene que ver con su asociación con el paraíso islámico.

Una vez que observamos cada detalle (y lo fotografiamos una y otra vez) emprendimos la vuelta disfrutando igualmente de cada vista del taj que teníamos al desandar nuestros pasos.

Terminamos de almorzar y fuimos a ver otro de los patrimonios históricos de la Humanidad que atesora esta ciudad: el Fuerte Rojo (Red Fort). También situado a la orilla del Rio Yamuna y a unos dos kilómetros del Taj Mahal, es otra maravillosa construcción. Fue construido por el emperador Akbar entre 1565 y 1573. Sus imponentes murallas de arenisca roja forman una media luna a lo largo de la orilla del río y encierra un gigantesco complejo de palacios y edificios  cuyos estilos varían de acuerdo al emperador que los haya construido.

 

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La impresionante Amar Sighn Gate, al sur, es el acceso principal al fuerte y cruzando este portal se llega al JAHANGARI MAHAL, que es el único palacio que ha quedado de la época de Akbar. Es una compleja estructura de salas, salones, patios que formaban parte de la zezana (espacio propio de las mujeres). Frente al palacio hay una enorme bañera de roca que según cuentan las historias se llenaba de agua y pétalos de rosa para que la emperatriz pudiera bañarse  en sus aguas perfumadas. Frente al rio se eleva otro palacio, construido por Shah Jahan, con el mismo estilo que su Taj Mahal… mármol blanco y pietra dura. Sobreviven dos pabellones que posiblemente eran los aposentos de las princesa Jahanara y Roshanra. Luego, otra serie de palacios hasta llegar a la sala de audiencias del emperador que está rodeada por unos enormes jardines. El salón de Audiencias, llamado DIWAN-I-DIWAS, es un enorme salón con arcadas dentro de un patio, cuya sala del trono de mármol se eleva proporcionando un suntuoso escenario para que el emperador se dirija a su corte.

Fue un día muy largo. Vimos mucho. Aprendimos mucho. Volvimos al hostel, más que satisfechos. Un buen descanso para procesar todo lo visto y sentido y a seguir la aventura en India al día siguiente.

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