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♣ 2014 // Viaje online – 7° destino, Mandalay (en Myanmar)

Que difícil resulta comenzar a escribir sobre un destino tan intenso como Myanmar! La hoja en blanco se hace pesada y en la mente se suceden tantas imágenes que he vivido los últimos días. Fueron días largos, de mucha caminata, mucha tensión por momentos por la desorientación de estar en un país nuevo con tantas cosas para descubrir. Pero lindos días al fin, y que he disfrutado mucho.

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Volé a Mandalay desde Bangkok con Thai Air Asia. El vuelo fue de poco más de una hora, una hora y media aproximadamente. Pero el reloj se atrasa media hora con respecto a Bangkok cuando se toca el suelo birmano. En el avión tuve como compañeros de viaje a un irlandés que trabajaba en Corea y venía de vacaciones a Myanmar y un birmano, que había viajado a trabajar en la construcción en Tailandia. Tuvimos que ayudarlo con los papeles de migración porque paradójicamente estaban escritos en inglés y no los comprendía por lo cual, nos dio su pasaporte y los completamos por él. El viaje pasó rápido y pronto estábamos aterrizando en Mandalay. Me generaba un poco de tensión el cruce por el sector de migraciones porque había tramitado mi visa a través de una agencia y uno nunca sabe hasta último momento si le han puesto el sello correcto… pero por suerte, todo estuvo bien.

Al salir del aeropuerto de Mandalay, decenas de jóvenes ofrecen su servicio de taxi a la ciudad que está a unos 40 kilómetros de distancia. Esta situación siempre genera desgaste ya que uno no sabe dónde está, todos dicen diferentes precios, hay que regatear… en fin, típica sucesión de tensiones que se suceden al llegar a un nuevo destino. Compartimos el taxi con el irlandés y un amigo suyo que había llegado en un vuelo anterior y nos costó 12.000 kyats (es decir, 14 dólares aproximadamente).

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Un detalle a tener en cuenta: la moneda birmana es el kyats pero muchas cosas se pagan en dólares directamente (como pasajes y alojamiento) mientras que las compras de la vida cotidiana se hacen en kyats. 1200 kyats son equivalentes a 1 dólar (pero la verdad que para hacer las cuentas diarias yo lo consideraba a 1000… nunca fui bueno para las matemáticas y en Myanmar no iba a lograr desarrollar esta actividad).

Los irlandeses tenían reserva en un hotel en el centro de Mandalay así que fui con ellos dado que yo no tenía reserva hecha. Es complejo contratar alojamiento en Myanmar por internet dado que pocos de ellos tienen acceso a internet y no se publicitan en webs occidentales salvo los más costosos, ajenos a mi presupuesto. Pocos hoteles tienen la autorización del Estado para recibir huéspedes extranjeros, esto hace que los hoteles sean un buen punto de encuentro con otros viajeros dado que todos terminan en los mismos lugares. Nuestro hotel fue el AD1, un viejo hotel ubicado en medio de un mercado de frutas y verduras enorme, con los olores obvios que el lugar ameritaba. Las calles de tierra, la gente andando con bultos en sus cabezas, carros tirados por huelles, decenas de motos y autos viejos pintan el panorama de la zona de la zona de nuestro hotel, ubicado a pocos metros de Eindawya Paya, un templo budista muy reconocido en la ciudad.

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Dejé las cosas en el cuarto que me asignaron (una habitación en el tercer piso del hotel, con unos azulejos muy años 80, cortinas y sábanas de película sesentosa… en fin, un hotel barato en Myanmar. Salí a dar una vuelta por la ciudad y visité la pagoda de Eindawya. La Pagoda de Eindawya fue construida por el rey Pagan Min y está rodeada de negocios con utensilios para monjes. Sus patios fueron testigos de una de las batallas culturales más importantes que inició el camino hacia la independencia cuando un grupo de monjes atacaron a un contingente europeo que en 1919 desafió la regla de no ingresar con zapatos en los templos budistas. Si bien los monjes fueron  sentenciados por el tribunal colonial por la agresión, el espíritu rebelde de no sometimiento al ultraje colonial ya se había instalado. Di algunas vueltas por esta pagoda, aproveché para charlar un rato con un monje que estaba con ganas de practicar su inglés y luego emprendí mi camino hacia el sur de la ciudad.

Dejé las cosas en el cuarto que me asignaron (una habitación en el tercer piso del hotel, con unos azulejos muy años 80, cortinas y sábanas de película sesentosa… en fin, un hotel barato en Myanmar. Salí a dar una vuelta por la ciudad y visité la pagoda de Eindawya. La Pagoda de Eindawya fue construida por el rey Pagan Min y está rodeada de negocios con utensilios para monjes. Sus patios fueron testigos de una de las batallas culturales más importantes que inició el camino hacia la independencia cuando un grupo de monjes atacaron a un contingente europeo que en 1919 desafió la regla de no ingresar con zapatos en los templos budistas. Si bien los monjes fueron  sentenciados por el tribunal colonial por la agresión, el espíritu rebelde de no sometimiento al ultraje colonial ya se había instalado. Di algunas vueltas por esta pagoda, aproveché para charlar un rato con un monje que estaba con ganas de practicar su inglés y luego emprendí mi camino hacia el sur de la  ciudad.

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Las calles principales en Mandalay están asfaltadas y las laterales no, todas usan números para ser identificadas en vez de nombres por lo cual es fácil orientarse. Lo que hice fue caminar a lo largo de la calle 83 durante más de dos kilómetros (desde su intersección con la 26 hasta la 46 aproximadamente). Fue una caminata larga pero muy interesante para entender la ciudad y comenzar a conocer algo de su gente. Mandalay está repleta de motos que hacen que el tránsito sea un caos, se mezclan motos y monjes y uno no sabe para donde ir. Tierra y polvo por todos lados por las calles sin asfaltar y carros tirados por huelles que se meten en las avenidas junto con autos, camiones y autobuses. Los taxis más comunes aquí son jóvenes con ciclomotor que se ofrecen a llevarte o bien hombres mayores con bicicletas que tienen un sidecar a su costado y lentamente avanzan en el tránsito.

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Caminé hasta llegar a la pagoda de Mahamuni (Mahamuni Paya). Esta pagoda es uno de los lugares más visitados de Mandalay porque aquí se encuentra la imagen de Buda más venerada del país, una imagen de buda sentado que se cree que tiene unos 2000 anios. Durante siglos se ha cubierto con capas de oro que cada fiel aporta sobre la cara de Buda por lo que hoy en día está cubierto por una capa de oro macizo imposible de medirse con un valor.  Todos los días, a las 4 de la mañana, los monjes lavan la cara de buda y luego esa agua que se utilizó para lavar su cara se vende a los fieles como agua sagrada. Un detalle importante es que esta imagen no fue construida en Mandalay sino que fue traída hasta aquí por el Rey Bodawpaya en 1784, que la sustrajo de templos que hoy pertenecen a Camboya, junto con unas estatuas khmer de bronce que también se exponen en la pagoda.  La historia de este “robo” se narra a través de antiguas pinturas que decoran las galerías que rodean la sala donde se encuentra la imagen de Buda. Dado que se trata de un templo relativamente nuevo,  su arquitectura no es muy atractiva. Lo más interesante de visitar este lugar es disfrutar de la gente que llega de decenas  con sus hijos con los rostros pintados para venerar a buda. La tradición de pintar los cachetes  de los nenes y las mujeres es típica de Birmania.

Volví al hotel en un moto taxi porque estaba realmente cansado para rehacer el recorrido andando y se estaba haciendo de noche. Al llegar, me desplomé sobre la cama. Recién al día siguiente me levanté porque estaba agotado. Pero me quedaba mucho por ver aún…

En mi segundo día en Mandalay, me levanté temprano para aprovechar el desayuno del hotel que se sirve diariamente en la terraza del hotel. Llena de plantas, con una linda vista a la pagoda cercana, la terraza es un lindo lugar para relajar del caos de la calle. Y el desayuno no estuvo nada mal. La verdad, impecable: té o café, arroz con unas verduras salteadas, pan con huevos revueltos y unas frutas. Luego emprendí mi larga caminata al centro. Quería recorrer las murallas del palacio y esto ya implicaba un importante ejercicio.

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El Palacio de Mandalay ocupa un kilómetro cuadrado del centro de la ciudad, rodeado de un enorme foso. Antes de 1885 esta fortaleza era el lugar de residencia del rey y la nobleza birmana pero los británicos expulsaron a los nobles de aquí, deportaron al rey y destruyeron gran parte de su residencia para convertirla en club y residencia del gobernador inglés a cargo de la colonia. Posteriormente con los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en marzo de 1945 la residencia del gobernador se incendió y ya no queda nada de la estructura original. En conclusión, este enorme cuadrado amurallado de un kilómetro cuadrado, protege un frondoso bosque y algunas ruinas, nada más. No vale la pena pagar para ingresar, dado que lo más interesantes son sus murallas que se ven perfectamente desde el exterior.

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Seguí caminando para ir a la Colina de Mandalay pero desistí del esfuerzo al poco rato y luego de tomarme una Myanmar Beer me fui hasta la base de la colina en moto por unos 1000 kyats. La Colina de Mandalay es una de sus más importantes atracciones y está repleta de pagodas budistas. Unas escaleras serpentean por la colina hasta llegar a la cima pasando por varias pagodas y sobre todo, negocios de suvenires y artículos religiosos. A mitad de camino hay un templo con una imagen enorme de Buda parado, señalando con su dedo índice en dirección al Palacio de Mandalay. Cuenta la leyenda que Buda, acompañado por su discípulo Ananda, subió la colina e indicó que en el año 2400 del budismo se construiría en ese lugar una gran ciudad. El año 2400 del budismo es el año 1857 de occidente y es la época en la que el rey Mindon hizo que la capital de su reino deje de ser Amarapura y sea Mandalay (por algún motivo los reyes birmanos de la antigüedad fueron muy tendientes a cambiar esporádicamente la capital de su reino).

En la colina, el camino sigue serpenteando desde este templo hacia la cima y pasa por una Pagoda llamada San Dha Mukki. Desde allí, entre negocios de suvenires, el camino lleva a la cima. Una bella pagoda dorada corona la colina. El piso, las barandas, las columnas, los techos… todo resalta la figura de buda. Desde allí las vistas de los alrededores son bellísimas. Mandalay se ubica en una enorme planicie y en varios kilómetros a la redonda, la colina es el único terreno elevado. Por ello impacta tanto cómo se puede la ciudad y sobre todo, los templos que se ubican cerca.

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La vuelta fue larga, y nuevamente la opción del moto/taxi le ganó al esfuerzo. Ya había caminado mucho por hoy y si bien el ascenso a la colina no es complicado, cuesta un tanto si uno (como yo) no está en el mejor de los estados físicos. Pero vale la pena, el verde de la vegetación que rodea y se enreda con la ciudad y la cantidad incontable de templos que hay en Mandalay, sobresalen desde las alturas. Las estupas de los templos permite que se distingan con facilidad y dan un aspecto muy bello al paisaje. Myanmar es un país budista y la cantidad de monjes y templos que crucé en mi camino a la Colina de Mandalay no hace más que afirmar la importancia que la religión tiene en estas tierras.

Así pasaron mis primeros días en Myanmar. Me quedaba un día más en Mandalay pero lo usé para recorrer las antiguas capitales de los reyes birmanos que se encuentran alrededor. La primera impresión de estas tierras es positiva: la buena actitud de la gente, su sonrisa constante, su ofrecimiento de ayuda espontáneo y sus saludos incontables, hacen que uno se sienta tranquilo y cómodo a pesar de estar recorriendo tierras donde la mayoría sufre privaciones. Terminé cada día lleno de polvo, de tierra de las polvorientas calles, pero feliz. Viajar por Asia me hace bien, me reconforta. Myanmar es un gran destino, que le falta mucho desarrollo aún, pero promete dado que alberga tesoros innumerables.

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Las diferencias entre Tailandia y Myanmar son muchas. Quizás digo esto por los contrastes: de estar nadando en Phi Phi, meca del turismo thai, pasé a la polvorienta Mandalay. Dos opuestos, verdaderamente. Myanmar está dando sus primeros pasos como destino de viaje, antes todo estaba prohibido en este país y ahora poco a poco se va abriendo al turismo. Los cajeros automáticos comienzan a aparecer, las agencias de viaje, los tour… todo muy incipientemente. Pero la gente sigue teniendo la espontaneidad de quien disfruta del saludo del extraño y la breve conversación. Son curiosos, es cierto, algunos quieren hacer negocios vendiendo supuestas reliquias y gemas, también… pero la gente de a pié, la que uno se cruza en el mercado o tomando una cerveza en un bar, resulta generosa y desinteresada. Ese es el gran tesoro que guarda la “dorada” Myanmar.

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