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♣ 2014 // 12º destino, en Yangón (ex capital birmana)

Yangon supo ser la capital de Myanmar hasta el año 2005 pero los generales en el poder (primero de facto y ahora en una pseudo democracia) han decidido arbitrariamente trasladar la capital del país a la ciudad de Naypidaw. Paradójicamente, los extranjeros no podemos supuestamente ingresar a la nueva capital donde se han trasladado todas las oficinas de la administración pública y donde fueron obligados a mudarse, bajo amenaza de la pena máxima, todos los funcionarios de mayor y menor rango del gobierno. Ante la imposibilidad de visitar Naypidaw, para los viajeros del exterior Yangón sigue siendo punto de referencia y en muchos casos, punto de acceso y salida del país.

En mi caso particular, Yangón iba a ser la última ciudad del país que conocería luego de casi dos semanas de viaje por estas tierras. Llegué casi a la madrugada, desde el lago Inlay. El bus “vip”en el que viajé me dejó en el medio de la ruta, en una estación de autobuses a una hora de Yangón. Algo realmente poco práctico pero que le pasa a todo el mundo. Allí hay que tomar un taxi hasta el centro luego de un arduo período de regateo con las decenas y decenas de taxistas que se ofrecen a llevar a los recién llegados. Hablé con uno, me pelié con otro por la exorbitancia que quería cobrar y cerré trato con el tercero o cuarto al que consulté. Compartí el taxi con un viajero malayo y cada uno tuvimos que pagar unos 6.000 kyats (se supone que por 8.000 kyats deberían habernos llevado, pero terminamos pagando 12.000 kyats, es decir unos 10 dólares).

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Mi hospedaje para las tres noches que pasaría aquí sería el Hostel Mamma In land 2, toda una institución entre los viajeros que pasan por Yangón. Un hostel muy bien puesto, en una vieja casona típica, con un buen bar y restaurant y sobre todo, una muy calida atención de unos 10 adolescentes que llevan adelante cotidianamente el hostel (sí, dije bien, 10 jóvenes dado que en Myanmar en todos lados trabaja mucha gente y en los bares por ejemplo, uno toma pedidos, otro los lleva, otro cobra la cuenta). Tendría una habitación doble para mí solo por lo que ni bien llegué, luego del largo viaje desde lago Inlay, me di una ducha y me tiré a dormir unas horas. Viajar por Myanmar me fascinaba pero la verdad es que estaba muy cansado.

El día transcurrió entre largas caminatas por una ciudad donde pocos son los que caminan. Por lo general la gente anda en ciclomotor o alquila los bici taxis para que los lleven de un lugar a otro, pero a mi me gusta caminar y, al fin y al cabo, la ciudad no es tan grande.  Desde el Hostel Mamma In Land hasta el centro son unas veinte cuadras, bastante directas una vez que uno ha logrado orientarse. La ciudad se destaca por sus pagodas inmaculadas en medio de barriadas que se caen a pedazos. No hay tantos puntos de interés para un viajero por lo cual en un par de días se puede recorrer esta ciudad perfectamente.

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Algunos lugares para visitar en YANGON: 

El barrio hindú y el barrio chino se ubican alrededor del centro de la ciudad. Ambos son un hervidero de gente. El barrio chino es un frenesí de gente comprando lo que sea y el barrio hindú está más orientado a restaurantes con comidas típicas de aquellas tierras y algunos templos hindues que resaltan en la arquitectura lineal de Yangón. Quedan esparcidos por la ciudad esbirros del imperio británico, mansiones monumentales y grandes edificios victorianos de la época de la colonia. Muchos de ellos están abandonados y se asoman detrás de la maleza y otros se han convertido en instalaciones para el fallido estado birmano.

Uno de los puntos más visitados por los viajeros en Yangón es la Pagoda Sule. Esta enorme Pagoda de formato circular se ubica en el cruce de las principales avenidas de la ciudad y de hecho, a partir de la planificación que hicieron los ingleses durante la etapa colonial para el desarrollo de la urbanización de Yangón, es el punto a partir del cual se calculan las distancias en el país.  La pagoda tiene una enorme estupa dorada y luego varias estupas menores, un altar orientado hacia cada punto cardinal y por supuesto, decenas de imágenes de Buda. Lo interesante (y en algún punto bizarro) es que fusiona el culto con lo comercial: alberga decenas de negocios a su alrededor que incluyen desde reparador de lavaropa hasta cambio de divisas y souvenires para turistas. Todo se mezcla en Asia, y Myanmar no iba a ser la excepción.

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Alrededor de la Pagoda Sule se ubican importantes edificios de la época colonia: el Ayuntamiento, el Tribunal Superior de Justicia y el edificio de la Iglesia Bautista Emmanuel, entre varios otros. Caminando en dirección sur hacia el río Yangón se llega a otro de los íconos de la época colonial: el viejo hotel Strand. Se trata de un auténtico hotel de lujo de la época colonial, con un estilo inglés clásico, que amerita una visita. Por supuesto, no para hospedarse porque es realmente costoso pero al menos para tomar una cerveza bien fría en su bar, y aprovechar la buena conexión wi-fi que tienen (algo no muy común aún en Myanmar).

Fuera del centro colonial pero no lejos, el mercado de Bogyoke Aung San es una visita obligada en una caminata por  la ciudad. Se trata del típico mercado de frutas, verduras y carnes en el que uno se pierde recorriendo puestos y disfrutando sus colores, aromas e imágenes. Allí se vende de todo, es un trajín constante de gente, mucho bullicio y sobre todo, olores. Muy cerca de este mercado hay un templo hindú muy bonito (con esos típicos pórticos tallados con decenas y decenas de imágenes muy coloridas).

En el otro extremo de la ciudad un lugar muy interesante para visitar es la Torre Sakura. Se trata del edificio más alto de la ciudad, ubicado entre la estación de tren y la Pagoda Sule, que tiene un restaurante en su rooftop, en el piso 20. Las vistas de la ciudad desde allí arriba son magníficas (sobre todo de las pagodas incrustadas en el laberinto de calles) y el menu no es tan caro (por unos 10 dólares se puede almorzar un muy buen plato).

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La Pagoda Schwedagon.

La Pagoda Schwedagon es la mayor atracción de Yangón. Se trata de un auténtico centro religioso de dimensiones enormes, el lugar más venerado por los creyentes del budismo en Myanmar. La Pagoda propiamente se ubica en la cima de una colina y está rodeada por más de 70 capillas y templos, todos con reliquias e imágenes de Buda. La Pagoda en sí misma es un lugar bellísimo, con cuatro enormes entradas, una apuntando hacia cada punto cardinal y frondosos jardines que la rodean. Por su ubicación estratégica en la cima de una colina, se puede ver desde gran parte de la ciudad. Pero caminar por su interior es algo especial. Allí todos los budistas birmanos peregrinan al menos una vez en la vida y la verdad que no van solamente a rezar: en la pagoda hacen de todo: comen, charlan, duermen, se encuentran con amigos, juegan a las cartas. La vida social en las galerías del templo es muy intensa. Más allá de esta particularidad estrictamente cultural, la pagoda es un lugar bellísimo.

Se supone que el mejor momento del día para visitarla es el atardecer pero la verdad es que resulta tan grande para recorrer que uno puede pasar el día entero dando vueltas alrededor de ella. Un detalle: siempre se camina alrededor respetando el sentido del reloj y se supone que son tres vueltas que deben darse para rendir respeto a Buda. Ingresar a la pagoda cuesta unos 8 dólares para los extranjeros y hay que dejar el calzado en la entrada (o llevarlo en una bolsa durante todo el recorrido).  Los pisos de la pagoda están extremadamente limpios: un verdadero ejército de limpieza descansa a la sombra de los templos principales y cada media hora se activa para limpiar frenéticamente todo el recinto.

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Según cuenta la leyenda, la estupa tiene unos 2500 años de antigüedad pero los arqueólogos que han estudiado sus cimientos hablan de que fue construida entre el siglo VI y el siglo X por los monjes mon. La historia dice que hubo dos mercaderes que se encontraron con BUDA mismo y les dio 8 de sus cabellos para que fueran guardados en Myanmar. Los comerciantes se los llevaron al rey  y mandó a construir la estupa sobre la colina para atesorar las reliquias. os en Birmania. Los dos hermanos, con la ayuda del rey local, llegaron hasta las colinas Singuttara donde se encontraban ya otras reliquias. Luego el lugar quedó abandonado por varios siglos hasta que el Rey Binnya U de Bago lo recuperó y mandó a ampliar sus dimensiones. De allí en adelante, a lo largo de los siglos fue reconstruido varias veces incluso durante el período colonial británico. Más recientemente la Pagoda se ha convertido en un punto de referencia social y político de la ciudad de Yangon: grandes manifestaciones y huelgas suelen converger en este lugar sagrado.

Para visitarla se puede ingresar por cualquiera de las cuatro entradas (mouk) que conducen a la Paya través de escaleras (de madera antiquísimas o mecánicas, de acuerdo al lugar de ingreso) subiendo por la colina de Singuttara. La entrada más imponente es la del lado sur donde dos chinthe gigantes (leones míticos) protegen la entrada sur. La estupa está construida en ladrillos pero bañada en oro: es algo realmente majestuoso para admirar.  Sobre la base se encuentran diversas terrazas (pyissayan) a las que sólo pueden acceder los monjes y los hombres. En la parte superior se encuentra la corona, cubierta con más de 5.000 diamantes y 2.300 rubíes. Los habitantes de Birmania así como diversos monarcas de su historia, han donado oro a la estupa para conservarla. Esta tradición se inició en el siglo XVcuando la reina Shin Sawbu donó su peso en oro y se ha mantenido hasta la actualidad.

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